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miércoles, 4 de junio de 2008

CONTRA EL FATALISMO ECONOMICO, por P. Bourdieu

Mis más cálidos agradecimientos para la ciudad de Ludwigshafen, su alcalde el Señor Wolfgang Schulte y al Instituto Ernst Bloch, por el honor que se me ha concedido y asocia mi nombre con el de uno de los filósofos a quien más admiro. Mis agradecimientos también para el señor Ulrich Beck por el generoso discurso que acaba de pronunciar. Me hace pensar en que en el futuro próximo podremos asistir al nacimiento de la utopía de un colectivo intelectual europeo, cosa que he apoyado durante mucho tiempo. Mi única crítica a esta eulogia es su excesiva generosidad, especialmente por la forma en que atribuyó a mi persona una cantidad de propiedades y cualidades que sólo son producto de condiciones sociales. No puedo dejar de pensar, cuando se me honra de semejante manera y se me eleva al nivel de gran defensor de la idea utópica -en estos días tan desacreditada, desechada y ridiculizada, en nombre del realismo económico-, que estoy siendo autorizado o más precisamente urgido a intentar definir cual tiene que ser y debe ser el papel del intelectual, en relación a la utopía en general y la utopía europea en particular.

Revolución conservadora

Debemos reconocer que estamos actualmente en un período de restauración neo-conservadora. Pero esta revolución conservadora asume una forma sin precedentes: no hay, como en tiempos anteriores, ningún intento de invocar un pasado idealizado mediante la exaltación de la tierra, la sangre, y los temas de las antiguas mitologías rurales. Es un nuevo tipo de revolución conservadora que, para justificar su restauración reclama una relación con el progreso, la razón y la ciencia -la economía, en verdad-, y a partir de esto intenta relegar el pensamiento y la acción progresiva a un estatus arcaico. Se erige como patrón de normas para todas las prácticas, y por tanto como norma ideal, el orden del mundo económico librado a su propia lógica: la ley del mercado, la ley del más fuerte. Ratifica y jerarquiza la norma de los llamados mercados financieros, el retorno a un tipo de capitalismo radical que no responde a ninguna ley más que a la máxima ganancia; un capitalismo sin tapujos, desenfrenado, que ha sido llevado hasta el límite de su eficiencia económica por medio de las formas modernas de conducción Management y las técnicas manipuladoras como la investigación de mercado y las propagandas de venta y comercialización.

El aspecto engañoso de esta revolución conservadora es que, atrapada por todos los signos de la modernidad, aparentemente no conserva nada de la oscura pastoral de la Selva Negra, tan amada por los revolucionarios de los años 30... Después de todo, viene de Chicago ¿no es así?... Galileo dijo que el mundo natural está escrito en lenguaje matemático. Actualmente, tratan de inventar que el mundo social está escrito en lenguaje económico. Mediante el arma de las matemáticas -y también del poder de los medios- el neoliberalismo se ha transformado en la forma suprema de contraataque conservador, apareciendo durante los últimos treinta años bajo la denominación de "el fin de la ideología" o, mas recientemente, "el fin de la historia".

Fatalismo economicista
Lo que se nos presenta como un horizonte imposible de superar por el pensamiento -el fin de las utopías criticas- no es nada más que un fatalismo economicista, que puede criticarse en los términos empleados por Ernst Bloch en El espíritu de la utopía (1) dirigiéndose al economicismo y fatalismo que pueden encontrarse en el marxismo.

La fechitización de las fuerzas productivas y el fatalismo resultante, se encuentra hoy paradójicamente en los profetas del neoliberalismo y en los sacerdotes del Deutschmark y la estabilidad monetaria. El neoliberalismo es una poderosa teoría económica cuya estricta fuerza simbólica, combinada con el efecto de la teoría, redobla la fuerza de las realidades económicas que supuestamente expresa. Sostiene la filosofía espontanea de los administradores de las grandes multinacionales y de los agentes de la gran finanza, en especial los agentes de Fondos de pensión. Seguida en todo el mundo por políticos nacionales e internacionales, funcionarios oficiales y especialmente por el mundillo de los periodistas tradicionales -todos más o menos igualmente ignorantes de la teología matemática subyacente- se está transformando en una creencia universal, en un nuevo evangelio ecuménico.

Este evangelio, o más bien la vulgarización gradual que se ha hecho a nombre del liberalismo en todos los lugares, está confeccionada con una colección de palabras mal definidas -"globalización", "flexibilidad", "desrregulación" y otras- que, a través de sus connotaciones liberales e incluso libertarias pueden ayudar a dar la apariencia de un mensaje de libertad y liberación a una ideología que se piensa a si misma como opuesta a toda ideología.

De hecho, esta filosofía tiene y reconoce como su único objetivo la permanente creación de riqueza y, más secretamente, su concentración en manos de una minoría privilegiada, y por lo tanto conduce un combate por cualquier medio, incluso la destrucción del medio ambiente y el sacrificio humano, contra cualquier obstáculo a la maximización de las ganancias. Seguidores del laisser-faire, como Thatcher, Reagan y sus sucesores ponen cuidado en la práctica no del laisser-faire sino, al contrario, en dar mano libre a la lógica de los mercados financieros para llevar adelante una guerra total contra los sindicatos, contra las adquisiciones sociales de los últimos siglos, en una palabra, contra todas las formas de civilización asociadas con el estado social.

Juzgar por los resultados
La política neoliberal puede ser ahora juzgada por sus resultados, que son claros para todos, a pesar de los esfuerzos para probar por medio de trucos estadísticos y trampas groseras que Estados Unidos y Gran Bretaña han alcanzado el pleno empleo. Hay desempleo masivo. Los trabajos que hay son precarios, la permanente inseguridad resultante afecta una creciente proporción de la población, aun en las clases medias. Hay una profunda desmoralización ligada al colapso de la solidaridad elemental, especialmente en la familia y todas las consecuencias de este estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, drogas, alcoholismo, la reaparición en Francia y en otros lugares de movimientos políticos de corte fascista. Y hay una destrucción gradual de las adquisiciones sociales y cualquier defensa de estas es denunciada como conservadurismo pasado de moda.

A esto podemos sumar ahora la destrucción de las bases económicas y sociales de las más notables conquistas culturales de la humanidad. La autonomía de la cual gozaban los universos de la producción cultural en relación al mercado, que había crecido continuamente por medio de las luchas de los escritores, artistas y científicos, está cada vez más amenazada. La dominación del "comercio" y de "lo comercial" sobre la literatura aumenta día a día, especialmente por medio de la concentración de la industria de publicidad que está cada vez más sujeta a las restricciones de la ganancia inmediata. Acerca del cine, podemos preguntarnos qué quedará del cine artístico experimental europeo en diez años, a no ser que se haga todo lo posible para proporcionar a los productores de vanguardia los medios de producción y más importante aún, de distribución.

Todo esto, sin mencionar los servicios sociales, condenados o a las órdenes directamente interesadas de las burocracias estatales o empresariales o a ser estrangulados económicamente. Se me preguntará ¿cual fue el papel de los intelectuales en todo esto ? No intentaré hacer un listado -sería muy largo y muy cruel- de todas las formas omisión o, peor aun, de colaboración. No necesito mencionar los argumentos de los así llamados filósofos modernistas y posmodernistas que, no satisfechos con enterrarse a sí mismos en juegos escolásticos, se reducen a la defensa verbal de la razón y el diálogo racional, o peor aun, sugieren una versión supuestamente posmoderna pero realmente radical-chic de la ideología del fin de las ideologías, con toda su condena de las grandes narrativas y una denuncia nihilista de la ciencia.

Utopismo razonado
¿Cómo podremos evitar desmoralizarnos en este entorno más o menos desalentador? ¿Cómo devolveremos la vida y la fortaleza social al "utopismo razonado" del que habla Ernst Bloch refiriéndose a Francis Bacon? (2). Para empezar ¿cómo debemos entender el significado de esta frase? Otorgándole un riguroso significado a la oposición descrita por Marx entre "sociologismo" (la pura y simple sumisión a las leyes sociales) y "utopismo" ( el desafío audaz de estas leyes), Ernst Bloch describe al "utópico razonable" como quien actúa en virtud de "el pleno conocimiento conciente del curso objetivo", la posibilidad objetiva y real de su "época"; a quien, en otras palabras, "anticipa psicológicamente una posible realidad". El utopismo racional se define como opuesto tanto al "pensamiento ilusorio que siempre ha traído descrédito a la utopía" como a "las trivialidades filisteas preocupadas esencialmente por los hechos". Se opone al "derrotismo ultimatista" "la herejía de un automatismo objetivista, según el que las contradicciones objetivas del mundo serían suficientes en sí mismas para revolucionar el mundo en el cual se dan" y, al mismo tiempo, al "activismo por sí mismo" , puro voluntarismo basado en un exceso de optimismo.(3)

Así que contra este "fatalismo de banquero" que pretende hacernos creer que el mundo no puede ser diferente a lo que es -en otras palabras, totalmente sometido a los intereses y deseos de ellos-, los intelectuales y todos aquellos preocupados por el bienestar de la humanidad tendrán que restablecer un pensamiento utópico con respaldo científico, tanto en sus metas, que deben ser compatibles con las tendencias objetivas, como en sus medios, que también deben ser científicamente examinados. Necesitan trabajar colectivamente en estudios que puedan impulsar proyectos y acciones adecuados a los procesos objetivos que se intenta transformar.

El utopismo razonado, como lo he definido, es indiscutiblemente lo más ausente en la Europa actual. La forma de resistir a esta Europa -la que el pensamiento de los banqueros intenta hacernos aceptar a toda costa- no es el rechazo a Europa en sí misma desde una posición nacionalista, como lo hacen algunos, sino levantar un rechazo progresivo a la Europa neoliberal definida por bancos y banqueros. Sirve a sus intereses suponer que cualquier rechazo a la Europa que quieren equivale a un rechazo a cualquier Europa. Pero rechazando a una Europa definida y dominada por los bancos, rechazamos el pensamiento de los banqueros y el proceso que -bajo la cobertura neoliberal- termina haciendo del dinero la medida de todas las cosas, incluido el valor de los hombres y mujeres en el mercado laboral y así en todos los terrenos, en todas las dimensiones de la existencia; un proceso que al establecer la ganancia como criterio único para evaluar la educación, la cultura, el arte, la literatura, nos condena a una prosaica civilización desabrida de "fast food", novelas de aeropuertos y guisos televisivos.

Resistencia europea
La resistencia a la Europa de los banqueros y la previsible restauración conservadora, sólo puede ser europea. Y solamente puede ser europea en el sentido de liberarse de intereses, presunciones, prejuicios y hábitos de pensamiento que son nacionales y aun vagamente nacionalistas, siendo realmente una acción de todos los europeos, en otras palabras, una combinación concertada de intelectuales de todos los países europeos, sindicatos de todos los países europeos, de las más diversas asociaciones de todos los países europeos. Es por esto que la tarea más urgente del momento no es elaborar programas europeos comunes, sino la creación de instituciones -parlamentos, federaciones internacionales, asociaciones europeas de esto y aquello: camioneros, editores, maestros y demás, pero también defensores de árboles, peces, hongos, aire puro, niños y todo lo demás- en el seno de los cuales pueden ser discutidos y elaborados determinados programas europeos.

La gente podrá decir que todo esto ya existe, pero yo estoy plenamente seguro de lo contrario, no es preciso más que mirar la actual situación de la federación europea de sindicatos; la única corporación internacional europea que se está construyendo y que posee cierto nivel de efectividad es la de los tecnócratas, contra la cual no tengo nada que decir, en verdad sería el primero en defenderla contra las dudas generalmente estúpidas, nacionalistas o -peor aún- populistas que se ciernen sobre ella. Finalmente, para no dar una respuesta general y abstracta a la pregunta por la cual comencé -sobre el papel de los intelectuales en la construcción de la utopía europea- quisiera decir que contribución espero hacer personalmente a esta inmensa y urgente tarea.

Convencido como estoy de que los mayores vacíos de la construcción europea pueden ubicarse en cuatro áreas principales -el estado social y sus funciones; la unificación de los sindicatos; la armonía y modernización de el sistema educativo; y la articulación entre la política económica y la política social- estoy trabajando actualmente, en colaboración con investigadores de diversos países europeos, sobre la concepción y construcción de las estructuras organizativas esenciales para llevar a cabo la investigación comparativa y complementaria necesaria para aportar al utopismo en estas cuestiones su carácter razonado, especialmente, por ejemplo, esclareciendo los obstáculos sociales hacia una europeización real de instituciones tales como estado, sistema educativo y sindicatos.

Un proyecto especialmente querido por mí, se refiere a la articulación entre la política económica y lo que llamamos política social, más precisamente, los efectos sociales y los costos de la política económica. Incluye el intento de encontrar las causas primarias de las diversas formas de la miseria social que aflige a hombres y mujeres de las sociedades europeas, lo que casi siempre nos remite a decisiones económicas. Es una oportunidad para que el sociólogo, a quien corrientemente no se consulta excepto para remendar la vajilla que rompen los economistas, aproveche para recordarnos que la sociología puede y debe jugar un papel inicial en las decisiones políticas que son dejadas cada vez más en manos de los economistas o dictadas de acuerdo a consideraciones económicas muy limitadas.

A través de una descripción detallada del sufrimiento causado por las políticas neoliberales -en el mismo sentido que en La Misere du monde (4)- y por medio de sistemáticas referencias cruzadas entre, por un lado, los índices económicos concernientes a la política social de las empresas (ajustes, métodos administrativos, salarios y demás) y, por otro lado, los índices de tipo más evidentemente social (accidentes industriales, enfermedades ocupacionales, alcoholismo, utilización de drogas, suicidio, delincuencia, crimen, violaciones, y demás). Me gustaría plantear la pregunta acerca de los costos sociales de la violencia económica y por lo tanto intentar diseñar las bases para una economía del bienestar que tenga en cuenta todas las cosas que, la gente que dirige la economía y los economistas, excluyen de los cálculos más o menos imaginarios en cuyo nombre pretenden gobernarnos.

Por lo tanto, para concluir, sólo quiero formular la pregunta que debe estar en el centro de cualquier utopía razonada concerniente a Europa: cómo creamos una Europa realmente europea, una que esté libre de toda dependencia de cualquiera de los imperialismos -comenzando por el imperialismo que afecta la producción y la distribución cultural en particular, vía las restricciones comerciales. Liberada también de todos los residuos nacionales y nacionalistas que aun impiden que Europa acumule, aumente y distribuya todo lo que es más universal en la tradición de todas naciones que la componen.

Para terminar con un lugar totalmente concreto del "utopismo" razonado, permítaseme sugerir que esta cuestión, para mí crucial, sea incluida en el programa del Centro Ernst Bloch y el de la organización internacional de "utópicos reflexivos" que en él podría constituirse.

* Texto del discurso pronunciado por Pierre Bourdieu el 22 de noviembre de 1997, en el acto de recepción del Premio Ernst Bloch, concedido por el Instituto Ernst Bloch, en la ciudad alemana de Ludwigshafen. Publicado en New Left Review Nº 227, enero-febrero 1998, Londres. Traducido del inglés por Clara Inés Restrepo.

martes, 3 de junio de 2008

LA SOCIOLOGÍA, ¿ES UNA CIENCIA?, ENTREVISTA CON PIERRE BOURDIEU


Entrevista con Pierre Bordieu. La sociología. ¿es una ciencia?
La sociología es en plenitud una ciencia, pero sí una ciencia dífícil. Al contrario de las ciencias consideradas puras, ella es por excelencia la ciencia que se sospecha de no serlo. Hay para ello una buena razón: produce miedo. Porque levanta el velo de cosas ocultas, incluso reprimidas.

La Recherche: Comencemos por las cuestiones más evidentes: las ciencias sociales, y la sociología en particular, ¿son verdaderamente deudas? ¿Por qué siente Ud. la necesidad de reivindicar la cientificidad?
Pierre Bourdieu: La sociología me parece tener todas las propiedades que definen una ciencia. Pero, ¿en qué grado? La respuesta que podemos hacer varía mucho según los sociólogos. Diré solamente que hay mucha gente que se dice o se cree sociólogos y que confieso tener dificultad en reconocerles como tales (es el caso también, en grados diferentes, en todas las ciencias). En todo caso, hace mucho tiempo que la sociología salió de la prehistoria, es decir de la edad de las grandes teorías de la filosofía social con la cual los profanos a menudo la identifican. El conjunto de los sociólogos dignos de ese nombre se ajusta a un capital de logros, de conceptos, de métodos, de procedimientos de verificación. No obstante, por diversas razones sociológicas evidentes, y entre los cuales porque ella juega el rol de disciplina refugio, la sociología es una disciplina muy dispersa (en el sentido estático del término), y esto en diferentes puntos de vista. Así se explica que ella dé la apariencia de una disciplina dividida, más próxima de la filosofía que las otras ciencias. Pero el problema no reside allí: si somos de tal manera detallistas acerca de la cientificidad de la sociología es porque ella perturba.
La Recherche: Los sociólogos entonces, ¿son objeto de una sospechaparticular?
Pierre Bourdieu: La sociología tiene efectivamente el triste privilegio de encontrarse sin respiro confrontada a la cuestión de su cientificidad. Se es mil veces menos exigente con la historia o la etnología, sin hablar de la geografía, de la filología o de la arqueología. Siempre interrogado, el sociólogo se interroga e interroga siempre. Esto hace creer en un imperialismo sociológico:¿qué es esta ciencia emergente, vacilante, que se permite someter a examen a las otras ciencias? Yo pienso, por supuesto, en la sociología de la ciencia. De hecho, la sociología no hace más que plantear a las otras ciencias preguntasque se plantean a ella de manera particularmente aguda. Si la sociología es una ciencia crítica, es quizás porque ella misma se encuentra en una posición crítica. La sociología crea problemas, como se dice.
La Recherche: ¿La sociología provoca miedo?
Pierre Bourdieu: Si, porque saca el velo que existe sobre cosas escondidas y a veces reprimidas. Ella revela, por ejemplo, la correlación entre el éxito escolar, que se identifica con la inteligencia, y el origen social o, más aún, con el capital cultural heredado de la familia. Son verdades que los tecnócratas, los epistemócratas (es decir buena cantidad de aquellos que leen la sociología y de los que la financian) no quieren oír. Otro ejemplo: la sociología muestra que el mundo científico es el lugar de una competencia que está orientada por la búsqueda de beneficios específicos (premios Nóbel y otros, prioridad del hallazgo, prestigio, etc.) y conducida en nombre de intereses específicos (es decir irreductibles a los intereses económicos en su forma ordinaria y percibidos por lo mismo como "desinteresados"). Esta descripción cuestiona evidentemente una hagiografía científica en la cual participan a menudo los científicos y de la cual éstos tienen necesidad para creer lo que hacen.
La Recherche: De acuerdo: la sociología aparece a menudo como agresiva y perturbadora, Pero, ¿por qué se requiere que el discurso sociológico sea "científico"? Los periodistas también plantean preguntas molestas; ahora bien, ellos no reivindican su pertenencia a la ciencias ¿Por qué es decisivo que haya una frontera entre la sociología y un periodismo crítico?
Pierre Bourdieu: Porque hay una diferencia objetiva. No es una cuestión de vanidad. Hay sistemas coherentes de hipótesis, de conceptos, de métodos de verificación, todo cuanto se adjunta comúnmente a la idea de ciencia. Por consiguiente, ¿por qué no decir que es una ciencia si lo es realmente? Ciertamente es una cuestión muy importante: una de las maneras de zafarse de verdades molestas es decir que ellas no son científicas, lo que quiere decir que ellas son políticas, es decir suscitadas por el interés, la pasión, por lo tanto relativas y relativizables.
La Recherche: Si se plantea a la sociología la cuestión de lacientificidad, ¿no es también porque ella se ha desarrollado con cierto retraso con respecto a las otras deudas?
Pierre Bourdieu: Sin duda, pero ese retraso se debe al hecho de que la sociología es una ciencia especialmente difícil. Una de las dificultades mayores reside en el hecho de que sus objetos son espacios de lucha: cosas que se esconden, que se censuran; por las cuales se está dispuesto a morir. Es verdad también para el investigador mismo que se encuentra en juego en sus propios objetos. Y la dificultad particular que enfrenta la sociología se debe muy a menudo a que las personas tienen miedo de lo que van a encontrar. La sociología confronta sin cesar a aquél que la practica a realidades rudas, ella desencanta. Es el por qué, contrariamente a lo que a menudo se cree, afuera y adentro, ella no ofrece ninguna de las satisfacciones que la adolescencia busca frecuentemente en el compromiso político. De ese punto de vista, ella se sitúa al polo opuesto de las ciencias llamadas puras (o de las artes puras), que son sin duda por una parte, refugios en los cuales tienden a aislarse para olvidar el mundo, universos depurados de todo lo que causa problema, como la sexualidad o la política. Es el por qué los espíritus formajes o formalistas hacen en general una sociología lastimosa.
La Recherche: Ud. muestra que la sociología interviene a propósito de cuestiones socialmente importantes. Eso plantea el problema de su neutralidad, de su objetividad el sociólogo, ¿puede permanecer por encima de las pugnas, en posición de observador imparcial?
Pierre Bourdieu: La sociología tiene como particularidad tener por objeto campos de lucha: no solamente el campo de las luchas de clases sino el campo de las luchas científicas mismo. Y el sociólogo ocupa una posición en esas luchas: de partida, en tanto que detentor de un cierto capital económico y cultural, en el campo de las clases; enseguida, en tanto que investigador dotado de cierto capital específico, en el campo de la producción cultural y, más precisamente, en el sub-campo de la sociología. Esto, él debe tenerlo siempre en mente con el fin de discernir y controlar todos los efectos que su posición soca puede tener sobre su actividad científica. Es la razón por la cual la sociología de la sociología no es, para mí, una especialidad entre otras, sino una de las condiciones primeras de una sociología científica. Me parece en efecto que una de las causas principales del error en sociología reside en una relación incontrolada del objeto. Es entonces capital que el sociólogo tome conciencia de su propia posición. Las posibilidades de contribuir a producir la verdad me parecen en realidad depender de dos factores principales, que están ligados a la posición ocupada: el interés que se tiene en saber y en hacer saber la verdad (o, inversamente, a esconderla o a escondérsela) y la capacidad que se tiene de producirla. Se conoce la expresión de Bachelard: No hay ciencia sino de lo escondido. El sociólogo está mejor armado para descubrir lo escondido por el hecho de estar mejor armado científicamente, de que utiliza mejor el capital de conceptos, de métodos, de técnicas, acumulado por sus predecesores, Marx, Durkheim, Weber, y muchos otros, y que es más crítico; que la intención consciente o inconsciente que le anima es más subversiva, que tiene más interés en sacar a luz lo que está censurado, reprimido en el mundo social. Y si la sociología no avanza más rápido, como la ciencia social en general, es tal vez, en parte, porque esos dos factores tienden a variar en sentido inverso.Si el sociólogo llega a producir, aunque fuere un poco de verdad, no está bien que él tenga interés en producir esa verdad, sino porque existe interés. Lo que es exactamente lo contrario del discurso un poco tonto sobre la neutralidad. Este interés puede consistir, como en todas partes, en el deseo de ser el primero en hacer un hallazgo y de apropiarse de todos los beneficios asociados, o en la indignación moral, o en la rebelión contra ciertas formas de dominación y contra aquellos que las defienden al interior del campo científico, etc. En síntesis, no hay una Inmaculada Concepción. Y no habrían muchas verdades científicas si se debiera condenar tal o cual descubrimiento (basta con pensar en la "doble hélice") so pretexto de que las intenciones o los procedimientos no fueron muy puros.
La Recherche: Pero, en el caso de las ciencias sociales, el "interés", la "pasión", el "compromiso", ¿NO pueden conducir al enceguecimiento?
Pierre Bourdieu: En realidad, y es lo que constituye la dificultad particular de la sociología, esos "intereses", esas "pasiones", nobles o ignominiosas, no conducen a la verdad científica sino en la medida en que están acompañadas de un conocimiento científico de lo que las determina, y de los límites así impuestos al conocimiento. Por ejemplo, todos saben que el resentimiento ligado al fracaso no hace más lúcido acerca del mundo social sino encegueciendo respecto del principio mismo de esa lucidez. Pero eso no es todo. Más una ciencia es avanzada, más el capital de saberes acumulados es importante y más las estrategias de subversión, de crítica, cualesquiera sean las "motivaciones", deben, para ser eficaces, movilizar un saber importante. En física, es difícil triunfar sobre un adversario recurriendo al argumento autoridad o, como sucede todavía en sociología, denunciando el contenido político de su teoría. Las armas -de la crítica deben ser científicas para ser eficaces. En sociología, al contrario, toda proposición que contradice las ideas incorporadas está expuesta a la sospecha de una opción ideológica, de una toma de posición política. Aquélla choca con intereses sociales: los intereses de los dominantes que tienen una opción por el silencio y por el "buen sentido", los intereses de los portavoces, de los altoparlantes, que necesitan ideas simples, simplistas, consignas. Es la razón por la cual se le pide mil veces más pruebas (lo que, de hecho, está muy bien) que a los voceros del "buen sentido". Y cada descubrimiento de la ciencia desencadena un inmenso trabajo de "crítica" retrógrada que acapara todo el orden social (los créditos, los puestos, los honores, por lo tanto la creencia) y que apunta a enterrar lo que había sido descubierto
In: La Recherche N0 331, Mayo de 2000.Traducción: Manuel Antonio Baeza R. Concepción, Diciembre de 2000.

sábado, 31 de mayo de 2008

PIERRE BOURDIEU: CONFERENCIA MAGISTRAL SOBRE SU TRAYECTORIA INTELECTUAL.

Primero, quiero decir cuan feliz me siento
de tener la ocasión de dirigirme a un público mexicano. Voy a intentar hablar en castellano y, si no acierto, o si se me hace demasiado difícil, volveré al francés y pediré la ayuda de los intérpretes. Antes de describir las grandes etapas de mi itinerario, como me lo pidió uno de ustedes, quisiera señalar las intenciones mayores que, desde el principio, inspiraron mi trabajo.

En primer lugar, he intentado abordar siempre de manera fría, fríamente científica, problemas políticamente candentes, es decir, a la vez importantes y difíciles: ello, contra la idea de "neutralidad axiológica" que siempre me pareció una hipocresía conservadora, y a fin de profesionalizar el pensamiento crítico (contra la sociología crítica de la escuela de Frankfurt y su radicalismo "chic" y contra el "izquierdismo a lo francés" —gauchisme à la française—). He trabajado sucesivamente en Argelia, durante la guerra de liberación; en Francia, sobre los estudiantes y los profesores de la universidad en vísperas del movimiento de mayo del ’68, etc., etc. Las implicaciones políticas de mis investigaciones no eran visibles, especialmente cuando uno estaba encerrado en dicha problemática progresista tradicional (ponía el acento en la dimensión simbólica de las prácticas, pensando —y lo pienso todavía— que éste era el punto ciego del marxismo y de todo el movimiento social, y, por consiguiente, aparecía como una especie de idealista, mientras intentaba producir una teoría materialista de lo simbólico).
Además, la nueva manera de hacer sociología exigía mucho trabajo, de parte del productor y también del lector... Exigía una verdadera conversión del modo de pensar, una ruptura con la manera de pensar más común entre los especialistas de ciencias sociales. Por ejemplo, la insistencia en la construcción del objeto implicaba una ruptura con el modo de pensar que era común a la mayor parte de los marxistas (por ejemplo, en Francia hubo quienes contaron muy precisamente el número exacto de pequeños burgueses) y a los investigadores dominados por el modelo americano de la investigación empírica, como Lazarsfeld. Y así, hubo investigadores norteamericanos de inspiración marxista (Erik Olin Wright, Classes, 1985) que combinaron el marxismo a la manera de Poulantzas con el empiricismo positivista a la manera de Lazarsfeld para producir estudios empíricos de las clases muy abstractos y poco instructivos. Otra dificultad de la empresa era entrar en una verdadera competencia con la sociología dominante, representada en ese momento por tres nombres: Parsons, Merton y Lazarsfeld; había que reconquistar, si se puede decir así, las armas científicas monopolizadas por la sociología norteamericana, en aquel entonces dominante.
En segundo lugar, he invertido siempre en mi trabajo, aún en el más concreto, más estrictamente empírico, grandes problemas teóricos, sobre los cuales los filósofos, hasta los marxistas, se contentaban sólo con discutir. Por ejemplo, una de las intenciones mayores de mi trabajo en Argelia fue la de hacer empíricamente la distinción, muy importante en aquel entonces, y también ahora, entre el subproletariado, dedicado a imaginaciones milenaristas y el proletariado, la clase obrera abierta a esperanzas revolucionarias (en lugar de aspiraciones milenaristas). Más generalmente, quería escapar a la alternativa teórica entre el objetivismo, en aquel tiempo dominante en sociología, en etnología (con Lévi-Strauss), y el subjetivismo, que dominaba la filosofía de inspiración fenomenológica, como la de Jean-Paul Sartre.
Si hay algo en mi trabajo que merece ser imitado (y no sólo discutido) es el esfuerzo para superar la oposición entre teoría y empiria, entre la reflexión teórica pura y la investigación empírica. Los instrumentos teóricos que he producido o perfeccionado deben su fuerza y su interés para la ciencia al hecho de que he practicado, como todo científico, un eclecticismo selectivo y acumulativo y he intentado totalizar las conquistas mayores de la ciencia social ignorando oposiciones y divisiones más religiosas que científicas, como entre marxismo y weberianismo, o entre marxismo y durkheimismo, o entre estructuralismo y fenomenología (o etnometodología).

Nota bibliográfica

Sergio Lorenzo Sandoval Aragón

Las siguientes, son las referencias bibliográficas mencionadas por Bourdieu en su conferencia y que aquí ofrecemos para que el lector pueda profundizar. Listamos aquí las más fáciles de encontrar; para una panorámica de la obra de este autor, hasta 1990, así como sobre sus estudios etnológicos en Argelia, se puede consultar la bibliografía que aparece en: Pierre Bourdieu, Sociología y cultura, Grijalbo/CONACULTA, México, 1990; algunas de las obras más importantes publicadas entre 1990 y 1999 que se encuentran en español y que no aparecen en la lista de abajo, son: Las reglas del arte (Seuil: 1992; Anagrama: 1995), La miseria del mundo (Seuil: 1993; FCE: 1999), Las meditaciones pascalianas (Seuil: 1997; Anagrama: 1999), La dominación masculina (Seuil: 1998; Anagrama: 2000), Contrafuegos (Raisons d’agir: 1998; Anagrama: 2000), Sobre la televisión (Liber: 1996, Anagrama, 1997), Poder, derecho y clases sociales (Desclée de Brower, Bilbao: 2000).

Referencias bibliográficas citadas por el conferenciante
P. Bourdieu, Boltanski, Chamboredon, Castel, Lagneau y Schnapper. La fotografía: un arte intermedio. Nueva Imagen. México, 1989. (Antecedente de La distinción).
P. Bourdieu, Alain Darbel y D. Schnapper. L’amour de l’art, Les musées auropéens et leur public. Minuit. París, 1969. (Antecedente de La distinción).
Bourdieu, Pierre y J-C Passeron. La reproducción: elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Fontamara. México, 1995.
P. Bourdieu. El sentido práctico, Taurus, Madrid, 1991. (Etnología en Argelia).
_________. La distinción, criterios y bases sociales del gusto. Taurus, Madrid, 1998.
_________. Homo Academicus. Les Éditions de Minuit. Paris, 1984. (Hay traducción al inglés: Homo Academicus, Stanford University Press, California, 1988. Accesible en el CIESAS de Occidente, Guadalajara).
_________. Las reglas del arte. Anagrama. Barcelona, 1995.
_________. La ontología política de Martin Heidegger. Paidós. Barcelona, 1991.
_________. "Sur le pouvoir symbolique", en: Annales, núm. 3, mayo-junio de 1977. pp. 405-411. (El conferenciante se refiere a este texto bajo su título inglés y dice desconocer "dónde" está publicado en español; la referencia exacta es: P. Bourdieu, "Sobre el poder simbólico", en: Intelectuales, política y poder. Eudeba/Universidad de Buenos Aires, 2000. pp. 65-73.
_________. Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Anagrama. Barcelona, 1999.
La obra más reciente de este autor es: Les structures sociales de l’économie. Seuil. París, mayo de 2000. 289 pp. [Colección Liber]. (Se puede adquirir en el sitio: www.librairieonline.com).

La primera fase de mi trabajo en Argelia se orientó por el lado de la etnología. Estudié principalmente la lógica de la economía precapitalista (especialmente la postura en relación con el tiempo que pide y que favorece); el rechazo del cálculo, especialmente en los intercambios internos, etc. En una segunda fase, estudié las estructuras del parentesco, problema exaltado por las investigaciones de Lévi-Strauss; y en un tercer momento, los sistemas mítico-rituales. Sobre los problemas de parentesco, las sociedades árabobereberes constituyen un desafío para la teoría levistraussiana del intercambio: el casamiento con la prima paralela, hija del hermano del padre, que es casi una hermana, no juega el rol de instrumento de circulación de las mujeres y de los bienes que le es impartido1 en el modelo levistraussiano.
Muchas razones me indujeron a cuestionar este modelo: 1). Utilizando la estadística —que no se utiliza casi entre los etnólogos—, descubro que la tasa de casamientos conforme a la "regla", es inferior al 5%; 2). Las reflexiones de los filósofos, y en particular de Wittgenstein, sobre lo que significa "seguir una regla" me ayudan a alejarme de la teoría estructuralista de la acción (de la cual Althusser ha dado la formulación más extrema y más absurda, reduciendo al agente al rol de Träger,
2 portador de la estructura); 3). Las investigaciones que llevo sobre el matrimonio en Béarn, provincia del Sur de Francia de la que provengo, lo que me permite dirigir sobre las prácticas una mirada menos alejada que la del etnólogo estructuralista; ello me indujo a descubrir que los agentes pueden ser dirigidos, en sus elecciones matrimoniales, por intereses en el sentido amplio del término. En resumen, fui guiado a pasar de una explicación del casamiento por la obediencia a la regla a una descripción del casamiento como una estrategia de reproducción, orientada por intereses materiales y simbólicos, y explicable —en cuanto tal—, por un conjunto de factores. Los análisis de las estructuras mítico-rituales que realicé en la misma época, me conducen a cuestionar la visión estructuralista: los sistemas míticos y las prácticas rituales, obedecen a lógicas prácticas que es necesario analizar lógicamente sin reducirlas a lo puramente lógico.
Paralelamente, y esto ha sido sin duda la oportunidad de mi vida, emprendo investigaciones sociológicas más clásicas sobre la estructura social de la sociedad argelina. Descubro en esta ocasión lo absurdo de la división entre etnología y sociología. ¿Cómo comprender por ejemplo las conductas económicas de los trabajadores lanzados directamente del mundo precapitalista, dominado por el rechazo del cálculo, al mundo capitalista importado e impuesto por la colonización? Empresa tanto más difícil cuanto que la mayor parte de los trabajadores (y, a fortiori, los desempleados o los trabajadores precarios) no disponen de las condiciones económicas y sociales que son necesarias para adaptarse a un cosmos económico dominado por la previsibilidad y la calculabilidad: los subproletarios no tienen bastante asidero sobre el presente para poder considerar tomar asidero sobre el futuro por un proyecto cualquiera que fuera, y en particular un proyecto revolucionario colectivo. De allí la paradoja: es necesario disponer de un mínimo de seguridad y de certeza para estar en condiciones de acceder al proyecto revolucionario de cambiar la sociedad. Debajo del umbral de seguridad, se está condenando a las esperanzas milenaristas que proporcionan una presa fácil a las políticas populistas. (Este trabajo, muy antiguo, ha retomado súbitamente toda su actualidad, hasta para las sociedades económicamente más avanzadas donde los progresos del trabajo temporario y de los empleos precarios remiten a una fracción cada vez más grande de los trabajadores a una situación cercana a la de los subproletarios argelinos, puestos en la imposibilidad de hacer un plan de vida práctico y de comprometerse en una acción colectiva orientada por fines racionales).
3
Todavía tendría mucho que decir, pero paso a las investigaciones, sin duda mejor conocidas por ustedes, sobre la educación y la cultura. Contrariamente a la ilusión según la cual la escuela cumple una función liberadora, ilusión vehiculizada y antaño defendida por los partidos progresistas, las encuestas empíricas muestran que la institución escolar contribuye a la reproducción de las desigualdades sociales. Digo bien contribuye: la escuela es uno de los lugares donde actúan ciertos mecanismos de reproducción (entre otros). En una serie de trabajos posteriores, intentaré describir el sistema de las estrategias de reproducción a través de las cuales los grupos (y en particular las familias) trabajan, consciente e inconscientemente para reproducir su posición en la estructura social y por ello esta estructura misma. Las sociedades económicamente avanzadas se caracterizan por el hecho de que la transmisión del capital cultural juega un rol determinante en la reproducción de la estructura social. Reproducción, no implica de ninguna manera ausencia de resistencia, de cambio, de distorsión, sino permanencia de una estructura de diferencia y de distancias.
Paralelamente a estas investigaciones sobre el sistema escolar, dirigí un conjunto de trabajos que apuntan a establecer las condiciones de la adquisición de la cultura y los efectos de la herencia cultural sobre las prácticas. Luego de un estudio sobre el público de los museos europeos, realizado en colaboración con Alain Darbel y Dominique Schnapper, y un estudio sobre la práctica fotográfica al cual estaban asociados Luc Boltanski, Jean-Claude Chamboredon y Robert Castel, publiqué en La distinción. Criterio y bases sociales del gusto
4 un modelo global de las prácticas sociales del cual quisiera expresar el principio, porque ha sido frecuentemente mal comprendido. En primer lugar, por los que tendrían dificultades con la particularidad nacional de las prácticas analizadas, en materia de consumos culturales (los nombres de los cantantes o de los actores o de los actores favoritos son frecuentemente franceses) o de consumos a secas (la petanca5 o el whisky) o aún de prácticas deportivas (el rugby o la equitación) y de opiniones políticas, los remito a Razones prácticas, sobre la teoría de la acción, donde intento mostrar, en una conferencia destinada a un público japonés, como se puede desprender de este libro una enseñanza universal a costa de una lectura (relacional y no sustancialista) y de un trabajo de transposición. Así, mis análisis, aparentemente limitados al caso francés, se revelaron capaces de proporcionar el menos sistemas de hipótesis a verificar en el caso particular de México.
Pero paso a la enseñanza esencial de este libro: el espacio social es un espacio de diferencias, de distinciones entre posiciones sociales (susceptibles de ser caracterizadas por nombres de categorías profesionales definidas), que se expresa, se retraduce, se manifiesta, se proyecta, en un espacio de diferencias, de distinciones simbólicas, que hacen que la "sociedad" en su conjunto funcione como un lenguaje. Esto significa que la topología social, que describe la estructura del espacio, es inseparablemente una semiología social, que describe el mundo social como un sistema de signos, un lenguaje (que somos capaces de leerlo prácticamente, sin poseer explícitamente la gramática, desprendida por el análisis sociológico, a través de las intuiciones del habitus, como sistema de esquemas de percepción y de apreciación, que nos permite relacionar inmediatamente un acento, o un traje, o una práctica alimentaria, con una posición social, y, al mismo tiempo que se le confiere un cierto valor, positivo o negativo).
El pasaje del espacio de las posiciones económicas y sociales al espacio de la toma de posiciones simbólicas, de los signos sociales de distinción (que no son signos distinguidos sino para una pequeña parte de la sociedad, los dominantes), se cumple por la intermediación del habitus: el habitus como sistema de disposiciones es el producto de la incorporación de la estructura social a través de la posición ocupada en esta estructura (y, en cuanto tal, es una estructura estructurada), y al mismo tiempo estructura las prácticas y las representaciones, actuando como estructura estructurante, es decir como sistema de esquema práctico que estructura las percepciones, las apreciaciones y las acciones. De manera más simple, los agentes tienen tomas de posición, gustos en pintura, en literatura o en música, pero también en cocina o en materia de pareja sexual o aún de opiniones políticas que corresponden a su posición en el espacio social, por consiguiente al sistema de disposiciones, al habitus, que está asociado, por la intermediación de los acondicionamientos sociales, a esta posición. La ilustración más sorprendente de estos mecanismos está constituida por el fenómeno de homogamia, que, en ausencia de coacciones directas que ejercieran antaño familias cuidadosas de evitar las mésalliances,
6 no puede explicarse sino por la afinidad espontánea de los habitus, de los gustos.
Es necesario detenerse un momento sobre la noción de espacio social. En cuanto sistema de diferencias, de puntos o de posiciones separadas, no confundidas, retiene una de las propiedades esenciales del mundo social que querían afirmar aquellos que hablan de clases sociales o de sociedades divididas en clases, diferenciadas. Pero deja de lado las clases en el sentido de grupos separados y opuestos que existirían en la realidad, incluso independientemente de la intervención del investigador. Si existe algo como clases sociales, en el sentido tradicional (marxista) del término, es en la medida, y solamente en esa medida, de que ellas han sido hechas, construidas por un trabajo histórico del tipo del que describe E. P. Thompson en The making of English Working Class. Ese trabajo a un tiempo teórico y práctico —militante—, que es necesario para transformar las afinidades de interés y de disposiciones ligadas a la proximidad en el espacio social en un proyecto consciente y colectivo de defender o de promover esos intereses y ese estilo de vida contra los de la clase opuesta.
Las clases, cuando existen como tales, se fabrican por el trabajo de "group making" que se realiza principalmente en los campos de producción cultural y especialmente en el campo político. Esta noción de campo, he sido inducido a construirla con motivo de un conjunto de estudios llevados a cabo sobre diferentes espacios de producción cultural: la religión, la política, el arte, la literatura, la filosofía, el derecho, la ciencia, etc. Un campo es un subespacio social relativamente autónomo, un microcosmos al interior del macrocosmos social, que puede ser definido como un campo de fuerzas (en el sentido estricto de la física einsteniana) y un campo de luchas para conservar o transformar la relación de fuerzas. Esta definición abstracta trae a la luz una realidad de la cual tenemos la intuición práctica pero cuya ausencia, flagrante en todos los trabajos consagrados a los diferentes objetos que he nombrado: religión, arte, literatura, derecho, etc., impide la construcción adecuada, apropiada, del objeto considerado. Por falta de la noción de campo como instrumento de construcción, la discusión científica está condenada a permanecer encerrada en la alternativa del análisis interno de las obras y del análisis externo. El análisis interno considera los textos en sí mismos y para sí mismos, sin referencia alguna al contexto, como la tradición semiológica o hermenéutica. El análisis externo, frecuentemente asociado a la tradición marxista o a la sociología (de la religión, del arte, de la ciencia, etc.), relaciona directamente las obras con el contexto social, a la situación económica global, o a una clase social particular (por ejemplo, en la historia del arte, la de los comanditarios de las obras), sin tomar en cuenta el campo, es decir el microcosmos social en el interior del cual ellas son producidas, y la lógica específica del funcionamiento de ese campo. Esto quiere decir que para comprender, por ejemplo, las obras sociológicas que se escriben hoy en Argentina, en Bolivia, en Brasil o en México, es necesario tener en cuenta: primeramente, la posición de cada autor en el interior del campo de producción sociológica nacional (es lo que traté de hacer, para el campo universitario en mi libro Homo Academicus o para el campo literario en Las reglas del arte); en segundo lugar, como Pascale Casanova lo ha mostrado, a propósito de la literatura, en La République mondiale des lettres, la posición de tal o cual campo nacional en el campo mundial (por ejemplo ciertas naciones, ciertos campos nacionales, son sometidos a efectos de doble dominación, que, si pueden acarrear un doble aplastamiento
7, pueden hacer posible estrategias consistentes en jugar de alguna manera una dominación contra otra).
La noción de campo es particularmente potente y fecunda, especialmente en tanto que permite escapar a toda una serie de falsos debates y acumular, como lo he hecho por ejemplo en mi lectura de Heidegger, todo lo que el texto revela sobre el contexto histórico (había mostrado, a partir de los textos que Heidegger había permanecido nazi hasta el fin, lo que ha sido probado después por los historiadores) y todo lo que el contexto revela sobre el texto (por ejemplo el rol de "pensadores" que los historiadores de la filosofía excluyen espontáneamente, como Spengler o Jünger, en la formación del pensamiento de Heidegger). Otra ventaja de la noción de campo: permite derrumbar las barreras entre los diferentes objetos, religión, arte, derecho, etc., y fertilizar la investigación en cada sector con el producto de la investigación en los otros.
Los campos de producción cultural están asociados a un poder de un tipo particular que llamo el poder simbólico, poder que ejercen los detentores de un capital simbólico. La forma por excelencia de este poder es la que se ejerce, en las relaciones entre los sexos, es decir la dominación masculina. Este poder se ejerce sobre los (o las) que sufren, es decir las mujeres y los homosexuales, masculinos o femeninos, a través de la complicidad arrancada que ellos le acuerdan del hecho de que le aplican a la relación entre los sexos categorías de percepción y de apreciación que son producto de la incorporación de la estructura de esta relación. Sería necesario dar ejemplos como el hecho de que, grosso modo, todo lo que es del orden de lo pequeño es bueno y está bien, cuando se trata del cuerpo femenino; y malo y mal, cuando se trata del cuerpo masculino. Pero sería necesario explicar aquí los fundamentos teóricos de la noción de poder simbólico que, como lo he mostrado en un artículo aparecido bajo este título en los Annales, en 1977, integra tradiciones teóricas consideradas como incompatibles, kantianas (con la teoría de las formas simbólicas), estructuralistas o, mejor, durkheimiana, marxista y weberiana. No puedo sino remitirlos a este artículo, aparecido en inglés en Language and Symbolic Power (en castellano no sé dónde).
8 Esta noción es muy necesaria científicamente (y políticamente) porque permite asir y comprender la dimensión de la más invisible de las relaciones de dominación, de las relaciones entre dominantes y dominados según el género (el sexo), como venimos de verlo, pero también según la étnia (entre blancos y negros especialmente, o entre ladinos y mestizos), o según la posición en el espacio social. Es así que el sistema escolar, a través de las clasificaciones que opera y que se imponen a aquellos mismos que allí son víctimas (se sabe que la ideología del don es cada vez más aceptada a medida que se desciende en la jerarquía social) cumple una función de sociodicea, de justificación del orden establecido, incomparablemente más importante que todas las formas de propaganda. Es decir de paso, que la sociología del sistema de enseñanza es una parte capital de la sociología política, casi siempre olvidada por la "ciencia política".
Puede verse como se pasa muy naturalmente de la ciencia del mundo social a la acción política; porque he rechazado siempre, como lo decía al comienzo, el mito conservador de la "neutralidad ética" (los que denuncian la ciencia social como culpable de denunciar tienen por propiedad esencial no tener nada que enunciar de esencial sobre el funcionamiento del mundo social). Una parte muy importante de la producción sociológica es conservadora, sin tener necesidad de inspirarse en una intención de conservar, porque es mala y porque, por omisión, omitiendo plantear la cuestión o describir el fenómeno pertinente, contribuye a la perpetuación del orden social tal como es. Es el caso hoy en día de una buena parte de la producción mundial de discursos sobre el mundo social que, como lo he mostrado con Loïc Wacquant, en un artículo titulado "Las astucias de la razón imperialista" ("Les ruses de la raison impérialiste"), acepta, las más de las veces sin saberlo (es un caso típico de la dominación simbólica), principios de visión y de división, problemáticas, conceptos, etc... Estos principios, aunque sean el producto de una visión (académica) particular de una sociedad particular, los Estados Unidos, se presentan como universales mientras reproducen y vehiculizan categorías particulares, nacionales, de percepción y de apreciación. El reconocimiento mundial de palabras como mundialización, o globalización, flexibilidad (flexibility), multiculturalismo, comunitarismo, minoridad, etc., se acompaña de la ignorancia, del desconocimiento, de sus límites sociales e históricos, como consecuencia de la circulación sin control, ligada a los efectos de dominación. La difusión de aquella doxa planetaria, falsamente internacional, es hoy uno de los mayores obstáculos a una verdadera internacionalización del pensamiento sociológico que es, hoy más que nunca, necesaria para pensar los cambios actuales.
La lucha política es, en lo esencial, una lucha para imponer, en el seno de una nación o a escala internacional, el principio de visión y de división dominante, y desconocido (méconnu) como tal, pues es reconocido como legítimo. Es el caso de hoy de la visión neoliberal del mundo económico y social. El sociólogo interviene en esta lucha por el solo hecho de develarla como tal, ofreciendo así la posibilidad de un uso liberador del conocimiento de las estrategias y de los mecanismos de dominación. Va de suyo que, incluso si la revelación debilita automáticamente mecanismos cuya eficacia descansa por una parte sobre su ocultamiento, y sobre el desconocimiento que de allí resulta, no puede por sí sola contrarrestarlos completamente, menos todavía neutralizarlos o aniquilarlos. No solamente porque, como se le ve bien con la dominación masculina, las disposiciones y los esquemas de pensamiento cómplices del orden establecido están inscritos muy profundamente, y desde hace mucho tiempo, en los cuerpos o, si se prefiere, en los inconscientes. Ellos son constantemente reforzados por los que tienen el poder de hablar públicamente sobre el mundo social, en el primer rango, entre los cuales están los periodistas, pero también muchos intelectuales y hombres políticos: esos no tienen sino que dejarse llevar por sus automatismos de pensamiento para contribuir al reforzamiento de las rutinas de pensamiento que fundan el orden simbólico.
Se llega así, inevitablemente, a la cuestión del rol de los intelectuales o, más precisamente, de los sociólogos, y más generalmente, de los especialistas del análisis del mundo social. ¿Cómo podrían ellos no trabajar con todos los medios de los cuales disponen, para su diseminación?, si están convencidos de haber descubierto verdades dignas de ser ampliamente conocidas sobre el funcionamiento del mundo social. Guardar silencio o reservar sus revelaciones sólo al mundo erudito (savant) sería, en más de un caso, una forma de no brindar asistencia a la persona en peligro. Por esta razón, deben superar las prudencias y también las perezas ligadas a la pertenencia al campo científico, dominado por la creencia de que la "neutralidad" es por sí una garantía de objetividad, para trabajar colectivamente (como la asociación internacional Raisons d’agir)
9 a difundir los conocimientos y los útiles de conocimiento que la ciencia social produce, y que son necesarios para resistir a los nuevos oscurantismos, que hoy se presentan frecuentemente bajo las apariencias más racionales y más ilustradas, oponiéndoles la crítica de una razón científica tan lúcida como sea posible sobre el mundo social y sobre todo sobre ella misma.

Notas
1. Parece ser que quiso decir "asignado" o "atribuido".
2. Träger: vocablo alemán que significa "cargar".
3. Sobre este asunto, se puede leer del autor: Contrafuegos (ver bibliografía).
4. Ver bibliografía.
5. Juego también conocido como bolos franceses.
6. Es decir, que no favorece una alianza entre familias.
7. En otras partes se refiere a estos términos como doble constricción.
8. Ver nota bibliográfica (recuadro).
9. Ver la Página web: www.zeg.org/raison-dagir/start.htm

(Conferencia magistral para la "Cátedra Michel Foucault" de la Universidad Autónoma Metropolitana (Valle de México), sustentada el martes 22 de junio de 1999. Las aclaraciones y notas contenidas en este texto son de Sergio Lorenzo Sandoval Aragón; también la nota bibliográfica que se intercala como recuadro de este trabajo)

Contre « le fléau néo-libéral », Pierre Bourdieu

Pierre Bourdieu (né en 1930), professeur au Collège de France, est l'un des intellectuels français les plus cités dans le monde des sciences humaines. Formé à Normale Sup, philosophe et ethnologue, il consacre ses premiers travaux à l'Algérie, aux paysans du Béarn, mène des enquêtes, avant mai 68, sur les étudiants en France, élabore peu à peu le concept de « champ » (économique, politique, littéraire, scientifique) qu'il étudie à propos de l'épiscopat français, des romanciers du 19e siècle, des économistes libéraux, des féministes, de la « noblesse d'état », mais aussi à propos des goûts musicaux de la petite bourgeoisie, du sport d'élite, des milieux universitaires, des gays et lesbiennes, des chômeurs de longue durée.

Auteur d'une trentaine d'ouvrages traduits en de nombreuses langues et de plusieurs centaines d'articles, directeur de deux revues internationales (Actes de la recherche en sciences sociales et Liber), Pierre Bourdieu publie, ces dernières années, aux côtés d'ouvrages théoriques ardus (Raisons pratiques, 1994, Méditations pascaliennes, 1997), plusieurs brûlots polémiques et incitations à l'action politique qui sont la conséquence pratique de ses enquêtes de terrain. Ainsi Sur la télévision (1996) a-t-il mis en émoi le monde journalistique, dont l' « emprise » sur le mode de pensée actuel était décrite et critiquée. Ce mois-ci, Pierre Bourdieu publie dans Le Monde diplomatique « L'essence du néo-libéralisme », une déconstruction de cette théorie économique aujourd'hui sans rival.

Ces jours enfin paraît Contre-feux, un recueil de textes politiques dont le sous-titre dit le programme : « Propos pour servir à la résistance contre l'invasion néo-libérale ». Ouvrage né d'une « fureur », il contraste avec les travaux désormais classiques, ardus et distancés, que sont, par exemple La Distinction (1979), La Noblesse d'état (1989) ou Les Règles de l'art (1992). Sans renoncer aux acquis du savoir sociologique, Bourdieu attaque le président de la Bundesbank, Hans Tietmeyer, le « racisme d'état » en France, l'écrivain Philippe Sollers, les économistes libéraux, les gouvernants européens qui présentent le néo-libéralisme comme une fatalité historique. Le « fléau néo-libéral » est d'actualité. Le sociologue propose de le combattre dans un livre accessible, ayant pour but de « communiquer aux militants les acquis les plus avancés de la recherche » à ce sujet. D'où vient le néo-libéralisme et la « révolution conservatrice » qu'il entraîne?

La théorie économique qui dit le fonder résiste-elle à l'examen? Comment les termes « flexibilité » ou « dérégulation », qui cachent des drames sociaux, ont-ils pu être connotés positivement? Le sociologue tente de répondre à ces graves questions, mais constate aussi des raisons d'espérer : ainsi le « miracle social » que constituent les grèves de décembre 1995, en France, et, en janvier 1998, les occupations spontanées de lieux publics par les chômeurs unis en associations. L'émergences d'une « résistance », venue des plus démunis, prélude à une ligue généralisée de citoyens, qui unirait chômeurs, travailleurs sociaux, service public, intellectuels, artistes, contre cette menace sociale que constitue l'économie « pure » laissée à elle-même. Entretien.

Jérôme Meizoz.

Référence :
- Contre-feux. Propos pour servir à la résistance contre l'invasion néo-libérale, Liber éditions, Seuil diffusion, 125 p., 1998.
Parutions récentes :
Sur la télévision, Liber éditions, 1996; Méditations pascaliennes, Le Seuil, 1997; réédition de La Misère du monde, Points-Seuil, 1998); « L'essence du néo-libéralisme », Le Monde diplomatique, mars 1998; ARESER (collectif), Quelques diagnostics et remèdes urgents pour une université en péril, Liber éditions, 1998.

Questions à Pierre Bourdieu

point J.M. 1. Depuis le début des années 90, on constate qu'aux côtés de vos travaux classiques, « méthodiquement contrôlés », vous manifestez des « raison d'agir », par des textes d'action, comme Sur la télévision et, aujourd'hui, Contre-feux. Comment en êtes-vous venu là?

point P. B. Les interventions que j'ai faites dans l'espace politique sont plus anciennes, mais moins visibles, car j'étais moi-même moins visible à l'époque. Je pense aux interventions sur la Pologne avec Michel Foucault, en 1982, mais aussi à de constantes prises de position sur l'Algérie, pays que je connais bien pour y avoir longuement enquêté. Cela dit, depuis une quinzaine d'années, je me suis battu plus particulièrement pour mettre en place un « intellectuel collectif ». Il y a dix ans, à la Foire du livre de Milan, j'ai organisé la rencontre d'une cinquantaine d'intellectuels européens pour essayer de constituer une instance internationale permanente capable de prendre position régulièrement sur les problèmes politiques qui intéressent les intellectuels. J'ai prêché l'intellectuel collectif un peu partout, par le biais de la revue Liber, notamment. Un des problèmes de cette utopie, c'est l'accès aux médias : mon souhait est de redonner aux intellectuels la propriété de leurs moyens de diffusion, de leur permettre de parler plutôt que d'être parlés par les médias. Malheureusement les médias ne veulent connaître les intellectuels que comme des individualités et rendent difficiles ou vains tous les efforts pour parler collectivement, j’en donne des exemples dans mon livre.

point 2. Est-ce pour cela que vous avez fondé, il y a deux ans, votre propre maison, Éditions Liber- Raisons d'agir?

point La collection « Raisons d'agir », est le produit d'un véritable travail collectif de chercheurs, historiens, économistes, sociologues, de même que le collectif ARESER qui vient de proposer une description clinique, assez cruelle, de l'université française. Il s’agit d’une maison d’édition autonome, offrant une tribune qui permet d’échapper à l’épuisant lobbying qui est nécessaire pour passer quelques pages dans les médias. Les petits livres que nous avons publiés ont atteint, pour deux d’entre eux, plus de 100 000 exemplaires. Nous avons ainsi la maîtrise complète de notre parole, sans nulle censure. Pensez au livre de Serge Halimi sur le journalisme de révérence, Les Nouveaux chiens de garde : il est absolument certain qu’il n’aurait jamais trouvé éditeur...

point 3. Votre maison d'édition s'inscrit dans un esprit de « résistance », le mot revient souvent.

point Oui. Nous souhaitons exercer une force négative, c'est-à-dire avant tout résistante aux médias les plus puissants, comme Le Monde, pour ne pas le nommer, qui banalisent le discours néo-libéral sur le monde social. Le succès de vente est donc important, car il oblige les médias à prendre en compte ce que nous disons. Malheureusement, aujourd'hui, dans les médias, la force des idées se mesure à la force du nombre. C’est la pensée audimat. Nous espérons, par nos livres, tenir en respect, ou du moins faire respecter certaines règles. D'où le titre de mon livre, Contre-feux. Les grands journalistes, qui détiennent aujourd’hui un immense pouvoir, veulent parfois faire croire que les intellectuels veulent je ne sais quel pouvoir terroriste de type stalinien. En fait, les intellectuels ne veulent pas le pouvoir, ils veulent un contre-pouvoir efficace, ils veulent le pouvoir de dire non.

point 4. Dans votre livre, deux émotions dominent: la « fureur » d'une part, contre un monde économique injuste, de l'autre l'éloge d'un « miracle » social, la résistance spontanée que les chômeurs, les grévistes, en France, lui opposent. On a pourtant l'impression, à vous lire, que le pessimisme l'emporte...

point Il y a un désespoir devant ce qu'il advient des sociétés européennes, il y a également une fureur suscitée par les intellectuels qui se rendent complices des forces commerciales. Ce qui me met en colère, c'est disons, la légèreté parisienne, ce ton badin avec lequel on s'oblige à parler des choses sérieuses, qui autorise toutes les reconversions et toutes les compromissions. La légèreté parisienne tue la conviction. J'ai heureusement fait d'autres expériences, ainsi ma participation aux mouvements de la nouvelle gauche, c'est-à-dire à la gauche de la gauche, m'a fait découvrir, à l'opposé de ce que je viens de décrire, des militants désintéressés, qui font en quelque sorte l'art pour l'art de la politique. Ils échappent à la fausse alternative de l'optimisme et du pessimisme : leur combat est peut-être désespéré, mais ils font ce qu'il y a à faire. D'où mon admiration pour le mouvement des chômeurs qui a réussi à exister en France, est s'est même étendu en Allemagne. Ce mouvement hautement improbable, que même les socialistes se sont empressés de critiquer, qui n'avait pas guère l'appui des médias, a même réussi à passer les frontières!

point 5. Dès que le sociologue passe de l'étude objectiviste au texte engagé, l'ambiguïté s'installe : est-ce qu'il « dévoile » les mécanismes sociaux cachés ou est-ce qu'il les « dénonce »? Bien des réactions primaires contre Sur la télévision y trouvent leur origine. Comment décririez-vous le but de votre travail?

point C'est tout le problème de la différence entre décrire et prescrire, dans les sciences humaines. Prenez l'exemple de Milton Friedman, l’économiste bien connu de l'École de Chicago. Friedman a été le conseiller économique de Pinochet, au Chili, dans sa politique ultra-libérale. S’agit-il d’économie descriptive? Moi-même, j'ai été victime de ce moralisme de la neutralité, de la non-implication du scientifique. Je m'interdisais alors, et à tort, de tirer certaines conséquences évidentes de mon travail d'enquête. Avec l'assurance que donne l'âge, avec la reconnaissance aussi, et sous la pression de ce que je considère comme une vraie urgence politique, j'ai été amené à intervenir sur le terrain dit de la politique. Comme si on pouvait parler du monde social sans faire de politique! On pourrait dire qu'un sociologue fait d'autant plus de politique qu'il croit ne pas en faire...

point 6. Vous mettez en garde contre la « dégradation de la vertu civile » dans les démocraties contemporaines. C'est presque une expression de moraliste. Qu'entendez-vous par là ?

point L'expression peut paraître très normative. Or il y a des conduites qui sont plus universelles que d'autres, selon le test kantien de l’universabilité. La « vertu civile », consiste dans le fait de prendre acte que nous sommes objectivement solidaires, et que les actions des uns ont des conséquences pour les autres. Tout un ensemble d’acquis du processus historique qui a fait l’État démocratique (la sécurité sociale, que l’on veut remplacer par des assurances, etc.) sont menacés par la pensée néo-libérale.

point 7. L'État social est une conquête historique censée garantir le bien commun, rappelez-vous. Or aujourd'hui, il est également menacé par le néo-libéralisme qui le vilipende comme un appareil bureaucratique, fait de lourdeurs, etc.

point La politique néo-libérale, fondée sur une vision étroite de l'économie, a pour objectif de détruire tous les collectifs (État, associations, familles, etc.), tous les freins au marché pur, pour permettre à ses forces de s'exercer en toute liberté. C'est la négation de l'ordre social dont je parlais. Le démantèlement de l'État social, actuellement, par exemple à travers l'accord AMI, et bien d'autres mesures, brisent de nombreuses structures essentielles. Ainsi, on sait que les dominés ont partie liée avec l'État social : pour prendre un exemple précis, à mesure que l'État social dépérit, la précarisation des emplois féminins augmente. Pourquoi? Ce qui est affaibli, c'est ce que j'appelle la « main gauche » de l'État, (hôpitaux, services sociaux), les dominés du service public, et c'est là que les femmes sont le plus représentées... De son côté, la « main droite » de l'État (hauts fonctionnaires, énarques, etc.) professe et impose (aux autres) les principes néo-libéraux.

point 8. Vous êtes particulièrement critique quant au rôle des médias dans ce processus.

point Oui, car ceux-ci contribuent pour une part par légèreté, par insouciance, par ignorance aussi, au ronron néo-libéral. Sans compter ceux qui se font le relais de discours politiques conservateurs, présentés comme modernistes... Comme tous les bons menteurs, ils mentent bien, parce qu'ils sont eux-mêmes trompés.

point 9. En attaquant des écrivains comme Philippe Sollers ou Bernard-Henri Lévy, vous montrez aussi combien la logique néo-libérale peut avoir des effets néfastes dans les univers artistiques. Pouvez-vous en donner des exemples?

point Je prendrai l'exemple du marché de l'édition, sur lequel nous menons actuellement une grande enquête. On voit les conséquences de ce que je nomme la « révolution conservatrice » dans les domaines de la production culturelle, chez les artistes comme au niveau des institutions. Il y a rencontre et coïncidence entre les intérêts d'écrivains un peu cyniques qui présentent la soumission aux verdicts commerciaux comme une révolution littéraire (ainsi ce qu'on lit sur la « nouvelle génération » romanesque, le « retour au réel », la « fin du formalisme ») et d'autre part, une concentration de plus en plus grande de l'édition. Cette concentration, perceptible dans la grande presse comme dans l'édition littéraire, s'accompagne du triomphe généralisé de la logique commerciale. Comme me le disait un professionnel du monde éditorial, l'édition est de plus en plus dirigée par des gens qui ne lisent pas les livres, mais les listings de vente... C'est pourquoi je m'attaque aux pitreries des écrivains qui, en badinant sur ces questions, scient la branche sur laquelle ils sont assis.

point 10. Toujours dans le même ordre d'idées, comment expliquez-vous la vogue, dans la grande presse, des « sujets de société », couplée au mépris affiché des journalistes pour les « sociologues »?

point La sociologie a ce privilège de produire un consensus négatif, de faire l'unanimité des journalistes, des artistes, et autres contre elle, car elle dit sur eux des choses douloureuses à entendre. Les scientifiques, les physiciens par exemple, n'ont en général rien contre elle. Pour faire écrivain, par exemple, il est de bon ton d'afficher son mépris pour la sociologie. De même, les philosophes n'aiment guère la sociologie, mais pour d'autres raisons que j'ai abordées dans Méditations pascaliennes : car elle remet en question leur point de vue surplombant, et par là même leur statut d'observateur suprême et supérieur. En général, ceux qui sont les plus féroces envers la sociologie, ce sont étrangement ceux qui n'en connaissent pas le premier mot... Quant aux journalistes, La Misère du monde leur a fait découvrir que ce que ces gens que d’ordinaire ils font parler (je parle du journalisme écrit) ou qu’ils font taire (je parle du journalisme télévisé ou radiophonique) ont des choses extraordinaires à dire, si on sait les écouter. Beaucoup de journalistes le savent encore, mais ils ont eux-mêmes de plus en plus de mal à se faire écouter... Le sensationnalisme « de société » est vraiment l'exact contraire de la sociologie.

Propos recueillis par Jérôme Meizoz, 11 mars 1998.
Parution in Le Temps, Genève, 28-29 mars 1998, p. 11.

viernes, 30 de mayo de 2008

ET SI ON REPENSAIT L'ECONOMIE?, Pierre Bourdieu






Le discours économique est la religion du monde moderne, avec ses gourous et ses croyances. Dans deux livres qui paraissent cette semaine les deux sociologues contestent à ces « spécialistes » le droit de régir nos vies.
Il y a un an et demi, Pierre Bourdieu publiait « la Domination masculine ». Depuis lors, on savait qu’il consacrait son cours du Collège de France à Manet, et l’on s’attendait donc à voir paraître un livre sur la peinture. Or voilà qu’il nous donne aujourd’hui un livre sur les HLM, les maisons Phénix et le marché du logement dans les années 70 et 80... Après quelques ouvrages de réflexion théorique, il revient donc à une sociologie pure et dure, qui brasse les statistiques et les données empiriques. Mais le propos n’en est pas moins ambitieux. Il s’agit tout simplement de refonder l’analyse économique et la pensée sur l’économie.
De son côté, Frédéric Lebaron étudie la manière dont est produite la « croyance économique », c’est-à-dire l’idée, aujourd’hui partout répandue, que ce sont les lois de l’économie qui dominent le monde, et que ces lois reposent sur la logique d’une maximalisation des profits. C’est presque un travail d’ethnologue qu’il nous offre, en cherchant à savoir qui sont les économistes, comment ils sont formés, d’où viennent leurs catégories de pensée, comment ils travaillent, comment ils élaborent leurs théories et leurs modèles. Deux livres différents et complémentaires, dont les auteurs entreprennent de faire revivre toute une tradition disparue de la sociologie, qui consistait à refuser qu’on séparât l’économie des autres sciences sociales. Pour montrer que la parole des économistes ne saurait être notre nouvel Évangile.

pointg.gif (57 octets) Le Nouvel Observateur. - À lire vos deux livres, on a l’impression que les sociologues entreprennent aujourd’hui de contester la suprématie de la science économique, mais aussi des économistes comme nouveaux maîtres du monde.

pointg.gif (57 octets) Frédéric Lebaron. - Il y a sans doute, dans nos deux livres, une certaine volonté de remettre en cause l’hégémonie d’un certain mode de pensée économique, et peut-être aussi - il faut bien l’avouer - l’arrogance de certains des représentants de cette corporation. Mais cela en se situant sur le terrain de la critique et de la construction scientifiques. C’est sur ce plan que l’économie aujourd’hui socialement dominante peut et doit être discutée, en particulier par la sociologie et les autres sciences sociales, comme l’anthropologie et l’histoire.

pointg.gif (57 octets) Pierre Bourdieu. - Cette mise en question ne peut cependant rester cantonnée sur le terrain strictement scientifique. Nous sommes en effet confrontés à l’omniprésence de la science économique dans le langage ordinaire et à la force inouïe des croyances et des catégories économiques, qui s’étend, avec leur bénédiction le plus souvent, bien au-delà de l’univers pur des théoriciens.

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - Oui, par exemple à travers le langage de l’économie, la vision économique (ou économiste) s’est étendue dans les médias - même les plus critiques -, qui ont accoutumé le public à une sorte de soumission ou de résignation aux lois d’airain de l’économie...

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - ...c’est d’ailleurs le fait que le journalisme soit un des grands véhicules de la croyance économique qui explique notre présence ici aujourd’hui.

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - L’économie s’impose comme le langage de la vie publique, et impose ses schèmes, ses systèmes argumentatifs, ses modèles cognitifs. Comme par exemple dans le cas de l’avenir des retraites, qui est pensé en termes comptables et non comme un enjeu de solidarité inter et intragénérationnelle, mais aussi entre groupes sociaux.

pointg.gif (57 octets) N. O. - Votre propos est assez radical puisque, au fond, ce que vous contestez, c’est que l’économie soit vraiment une science ?

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - Plus exactement, je conteste le fait que l’économie puisse être décrite avec assurance comme « la plus scientifique des sciences sociales ». Et j’essaie de montrer, à partir d’une enquête fondée sur des observations de terrain et des méthodes statistiques, que l’économie est peut-être par certains côtés plus proche du champ religieux (ou philosophique) que d’un champ scientifique très autonome.
En fait, je ne fais que réactiver un certains nombre de « doutes existentiels », qui sont aussi vieux que l’économie, et qui ont été exprimés par des économistes parmi les plus prestigieux, à propos de l’économie : elle ne fait pas de découvertes, dit Malinvaud, elle s’appuie sur des faits non observés, dit Leontief, elle est essentiellement normative, dit Sen, elle est le lieu des modes intellectuelles les plus contradictoires et d’une hypersophistication mathématique, dit Allais. Autant de caractéristiques qui, si on les rassemble, portent à ranger l’économie du côté de certaines théories philosophiques plutôt que du côté des sciences physiques ou biologiques, sans même parler des mathématiques.

pointg.gif (57 octets) N. O. - Mais n’exagérez-vous pas un peu lorsque vous parlez de l’économie comme d’une nouvelle religion ?

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - Je pourrais me contenter de répondre que je ne fais que prendre au sérieux, comme révélateurs d’un certain inconscient collectif, les dossiers sur les « nouveaux prêtres de l’économie », le discours sur les « gourous » de Wall Street, ou encore la béatification laïque d’Alan Greenspan (président de la banque centrale américaine). Il ne faut pas tordre la réalité si fortement pour retrouver dans les diverses figures sociales d’économistes celles de l’ordre religieux : le théologien, le prêtre, le missionnaire, l’hérétique, le réformateur...

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - Sans oublier les fidèles exaltés et un peu fidéistes. Il y en a pas mal parmi les journalistes frottés de quelques cours d’économie de Sciences-Po.

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - Mais c’est précisément parce que l’économie se donne les apparences de l’autonomie (notamment à travers l’usage des mathématiques) qu’elle paraît échapper à une réduction totale au religieux. En fait il faudrait dire, en paraphrasant à la fois Durkheim et Weber, qu’elle est en tout cas une forme « complexe » de la vie religieuse, une forme « moderne » et hautement « rationalisée ».

pointg.gif (57 octets) N. O. - Ce qui fait l’originalité de votre travail, c’est que vous vous êtes intéressé à la formation des économistes : qui sont-ils ? dans quelles écoles sont-ils formés ? Votre livre est à la fois une histoire sociale et une psychanalyse sociale.

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - J’ai étudié le mode de production d’un ensemble de dispositions sociales particulières, qui sont associées au fait d’être économiste aujourd’hui. En montrant d’abord qu’il était illusoire de penser ces dispositions comme homogènes : l’économie est un champ, structuré par des oppositions sociales et scolaires. En insistant ensuite sur le fait que la formation à l’économie a pour fonction de retraduire dans une langue particulière, et dans certains cas - comme à l’Ensae - très formalisée, les dispositions banales, largement inconscientes, d’un habitus « bourgeois » et masculin, selon les cas « ingénieurial » ou « managérial » : valorisation de la réussite individuelle, propension au calcul, à l’anticipation, à l’accumulation de capital social, économique, propension à l’abstraction déductive, etc. Le goût pour les modèles et l’adhésion à des théories aussi irréalistes que celle des anticipations rationnelles trouvent leur origine, et en tout cas leur caution pratique, dans un certain rapport pratique au monde social.

pointg.gif (57 octets) N. O. - Votre livre, Pierre Bourdieu, est assez différent car il n’analyse pas les économistes, mais, si j’ai bien compris, il vise tout simplement à enlever aux économistes leur objet. À partir de la description ethnologique d’une scène très concrète, la conversation entre un acheteur d’une maison particulière et le vendeur, vous reconstruisez tout ce qui a été nécessaire pour qu’une telle scène puisse se produire telle qu’elle se produit.

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - Mon intention n’est pas de prendre aux économistes leur objet, mais de prendre pour objet, avec les instruments ordinaires des sciences historiques, un objet ordinairement considéré comme économique : l’achat d’une maison. Ce qui oblige à découvrir que, pour comprendre une transaction à la fois tout à fait singulière et parfaitement banale, il faut reconstruire l’ensemble des décisions qui ont défini la politique de crédit (aux particuliers, mais aussi aux entreprises de construction), c’est-à-dire, entre autres choses, l’histoire des confrontations, dans le cadre des commissions, entre des banquiers et des hauts fonctionnaires plus ou moins enclins à adopter la vision néolibérale selon leur trajectoire scolaire et leur corps d’appartenance.

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - Autant de choses que les modèles économiques ignorent au nom du droit à l’abstraction...

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - Oui. M. Camdessus, dont il est question, comme de beaucoup d’autres personnages connus, dans mon livre, invoque toujours l’économie (que sans doute il ne lit guère), mais les économistes ne font aucune place dans leurs modèles à M. Camdessus, même quand celui-ci a travaillé très directement à produire l’objet de leurs calculs. L’État, que l’on aime à opposer au marché, est présent, très pratiquement, dans le marché. Le vendeur de maisons Bouygues qui aide le client potentiel à remplir un dossier de demande de crédit agit, sans le savoir complètement, en agent de la banque et aussi de l’État, qui lui délègue tacitement une part de l’autorité qu’il exerce sur le client.

pointg.gif (57 octets) N. O. - À ce propos, je vous ai trouvé un peu audacieux de balayer en un paragraphe la distinction entre État et société civile.

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - Mais on voit bien que des agents que l’on rangerait sans discuter du côté de la « société civile », comme les vendeurs de telle ou telle entreprise privée, sont en fait habités par la pensée d’État et agissent en mandataires officieux de l’État.

pointg.gif (57 octets) N. O. - En fait, de proche en proche, ce sont tous les dogmes de la doctrine économique que vous cherchez à dynamiter : l’offre et la demande, le choix rationnel des individus...

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - Ce que l’on découvre en effet, lorsque l’on s’intéresse aux conditions réelles du fonctionnement des échanges économiques, c’est que l’offre comme la demande telles qu’elles peuvent être appréhendées à un moment donné sont des constructions sociales. La demande, parce qu’elle dépend pour une part très importante de l’aide de l’État sous ses différentes espèces, qui sont associées à des philosophies sociales très différentes (par exemple, l’aide à la personne que les néolibéraux, Valéry Giscard d’Estaing et d’autres, ont substituée à l’aide à la pierre, dans les années 70, avec la complicité d’une fraction de la haute fonction publique dont la conversion au néolibéralisme ne date pas d’aujourd’hui, était censée favoriser l’attachement à la propriété privée, contre le collectivisme des grands immeubles collectifs). L’offre, parce qu’elle dépend aussi des formes de crédit que les banques, avec le soutien de l’État, accordent aux différentes catégories de constructeurs.
Mais ce n’est pas tout : comprendre réellement l’offre, c’est l’appréhender en tant que structure, ou, plus précisément - pardonnez-moi d’être un peu compliqué -, c’est saisir les offreurs, appréhendés dans leur diversité et leur dispersion extrêmes, depuis la grande entreprise de production industrielle de maisons préfabriquées produisant plusieurs milliers de maisons par an jusqu’au petit artisan offrant quelques maisons sur un marché strictement local, comme un champ, c’est-à-dire comme le lieu de rapports de force qui déterminent et délimitent les relations de concurrence entre les différentes entreprises et ceux qui les dirigent.

pointg.gif (57 octets) N. O. - Au fond, c’est la notion d’ « individu » telle que l’accepte l’économie néoclassique que vous voulez mettre en question.

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - Ce n’est là qu’un des nombreux cas où l’ignorance des acquis les plus élémentaires des autres sciences sociales conduit les économistes à accepter sans discussion les représentations du sens commun. Pourtant, le terrain des pratiques économiques est sans doute une des meilleures occasions de montrer que ce que nous appelons l’individu, avec ses besoins, ses propensions, ses dispositions, ses aptitudes, est un produit de l’histoire, individuelle et surtout collective. C’est Bergson, pourtant peu suspect de sociologisme, qui disait : « Il faut plusieurs siècles pour produire un utilitariste comme Stuart Mill. » Ce que j’appelle l’habitus économique est ce collectif incorporé en chacun de nous qui fait que nous sommes grosso modo adaptés au monde économique dont nous sommes les produits.

pointg.gif (57 octets) N. O. - Ne craignez-vous pas qu’on vous accuse de tomber dans une vision déterministe ?

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - Ce reproche serait particulièrement mal venu de la part de ceux qui invoquent sans cesse l’inéluctabilité des lois des marchés financiers.

pointg.gif (57 octets) N. O. - Vos deux livres se terminent par un élargissement de l’analyse au plan international. Vous analysez, Pierre Bourdieu, le passage du champ national au champ international tandis que vous vous interrogez, Frédéric Lebaron, sur l’apparente légitimation scientifique mondiale que le prix Nobel donne aux théories économiques (on est étonné d’apprendre en vous lisant que le prix Nobel d’économie n’est pas un vrai prix Nobel, mais a été créé par une banque).

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - Oui, par la banque centrale suédoise, en 1968. Et ce n’est pas tout à fait un hasard. Ces instances, devenues toujours plus « indépendantes »...

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - ...indépendantes surtout des États et des citoyens, évidemment...

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - ...ont vu leur pouvoir s’accroître considérablement durant les dernières années, en fondant leur légitimité, au moins partiellement, sur le savoir économique. La Banque centrale européenne ne contrôle pas seulement les taux directeurs - ce qui a des répercussions considérables sur la dynamique socio-économique dont nous risquons d’avoir un aperçu dans les mois qui viennent. Elle exige le respect de normes budgétaires strictes qui limitent le recours à la dépense publique, veille à prévenir les « tensions inflationnistes », qu’elle voit plus dans les revendications salariales que dans la spéculation financière...
Quant au prix Nobel, il est valorisé autant en dehors qu’à l’intérieur du monde des économistes, car il accrédite l’idée que cette discipline est bien une science, comme la physique. Mais si l’on regarde les caractéristiques des « élus », on s’aperçoit que ce prix tend à reconnaître les travaux les plus en phase avec les forces économiques dominantes de chaque période. Durant les années 70, il consacre le plus souvent des keynésiens, interventionnistes, qui ont eu leur heure de gloire dans la période 50-60. Ensuite on assiste à un basculement vers le monde des marchés, notamment financiers, très visible dans les années 90. Le centre symbolique de la science économique mondiale se déplace alors vers Chicago, lieu d’expression de la forme la plus absolutiste de la foi dans les mécanismes de marché. L’évolution du prix Nobel n’est que l’indice d’un déplacement plus large du coeur du pouvoir économique.

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - C’est ce qu’ont manifesté avec éclat ceux qui ont contesté l’attribution du faux prix Nobel à Milton Friedman, qui s’est fait connaître aussi pour quelques interventions politiques sans équivoque en faveur de régimes politiques sans équivoque.

pointg.gif (57 octets) N. O. - Le sous-titre du livre de Frédéric Lebaron parle des « économistes entre science et politique », et ça doit être compris comme une critique, mais vos livres présentent des analyses scientifiques qui m’ont semblé également très politiques.

pointg.gif (57 octets) F. Lebaron. - Oui, à la différence de l’économie, qui se présente socialement comme une science fondamentale, mais qui est en réalité fondamentalement politique et au service des pouvoirs économiques, nous nous plaçons sur le terrain de la science, en sachant pertinemment que ce choix ne sera pas sans effets politiques et qu’il n’est pas politiquement neutre de vouloir faire œuvre scientifique, puisque cela signifie, notamment, affirmer la nécessité de l’autonomie de la recherche en sciences sociales par rapport aux pouvoirs et courir ainsi le risque d’être disqualifié par les nombreuses forces sociales hostiles à cette autonomie.

pointg.gif (57 octets) P. Bourdieu. - L’économie se veut une science pure et parfaite, comme les modèles mathématiques derrière lesquels elle dissimule ses présupposés, mais, paradoxalement, elle se voit aussi comme une science d’État et de gouvernement. La sociologie s’attire le soupçon, en grande partie parce qu’elle refuse de faire simplement (ou seulement) ce que les pouvoirs demandent le plus volontiers - par exemple, aujourd’hui, de donner les moyens de réparer les pots cassés par l’économie et, indirectement, par les économistes, en étudiant la drogue, la délinquance et toutes les manifestations de désintégration sociale, qui sont pour une grande part l’effet des politiques économiques.

Prendre pour objet l’économie néoclassique ou inviter les spécialistes des sciences historiques (à commencer évidemment par tous les économistes lucides sur les limites de leur orthodoxie) à lui prendre son objet, c’est faire un acte scientifique qui, étant donné le rôle éminent que l’orthodoxie néolibérale joue à la fois dans la « rationalisation » et dans la légitimation des politiques économiques les plus favorables aux détenteurs du pouvoir économique, est aussi, qu’on le veuille ou non - et je crois que nous le voulons -, un acte politique.

Propos recueillis par DIDIER ÉRIBON
Nouvel Observateur - N°1852, Semaine du 04 mai 2000.