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miércoles, 4 de junio de 2008

"CRISIS PARA RATO", ADVIERTE LA OCDE

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advirtió que la desaceleración económica global podría ser más prolongada de lo esperado.

En su informe semestral sobre perspectivas económicas, el "club" de las 30 economías más desarrollades del mundo señaló que la situación empeoró debido al debilitamiento del mercado inmobiliario, la crisis crediticia global y los altos precios de las materias primas. "Nuestro pronóstico es más negativo que hace seis meses", indicó el economista jefe de la OCDE, Jorgen Elmeskov durante un encuentro del organismo.

Redacción BBC Mundo

Agregó que los elevados costos de los alimentos y el combustible representan una dilema para los bancos centrales del mundo, ya que dificultan la toma de medidas adecuadas para lidiar con el problema.

Poco crecimiento


Según las estimaciones de la OCDE, la economía estadounidense prácticamente se estancará y sólo crecerá un 0,3% en el primer trimestre del año. Por otra parte, señaló que la caída del dólar estadounidense llevará a un mayor crecimiento en 2009. Sin embargo, la OCDE espera que la situación en la zona del euro empeore por las repercusiones de la crisis crediticia. En ese sentido espera que la zona euro crezca 1,7% en 2008 y 1,4% en 2009.

El enviado de la BBC al encuentro de la OCDE en su sede de París, Steve Schifferes, señala que a pesar de sus negativos pronósticos la organización considera que lo peor de la crisis crediticia global ya habría pasado. En ese contexto destacó la intervención de los bancos centrales para rescatar a las entidades Bear Stearns en EE.UU. y Northern Rock en el Reino Unido. Nuestro corresponsal apunta, sin embargo, que la OCDE también resaltó que en esos países la falta de disciplina fiscal acorta el espacio para aumentar el gasto público con el fin de contener la desaceleración.

Más pesimista

En sus pronósticos, la OCDE sugiere que países de los principales mercados emergentes, como Brasil, India y China, serán los motores más importantes de la economía mundial en los próximos dos años. Según la organización, esas economías sólo experimentarán una modesta desaceleración, a pesar de la caída en la demanda en sus principales mercados de Occidente.

El director del centro Kiel para la Economía Mundial, Denis Snower, pinta un cuadro más pesimista. "Creo que la economía mundial se desacelerará más rápido de lo que pronostica la OCDE", señaló. "Puede que ya hayamos visto pasar lo peor de la crisis financiera, pero es probable que sus efectos sobre la economía mundial sean severos".

UNA RECESION DE INCIERTA SALIDA EN USA. Entrevista a J. Stiglitz

La periodista Filipina Carmela Cruz entrevistó al Premio Nóbel de Economía Joseph Stglitz para la revista norteamericana de izquierda Foreogn Policy Focus. Stiglitz contribuyó a crear una nueva rama de la economía: “la economía de la información”, destinada a analizar las consecuencias de las asimetrías informativas. En el año 2001 recibió el Premio Nóbel de economía por sus trabajos sobre mercados con información asimétrica.

Sus libros Globalization and Its Discontents y Making Globalization Work tuvieron una amplia recepción. Su ultimo libro, The Three Trillion Dollar War (La Guerra de los tres billones de dólares), publicado en marzo de 2008, analiza los costos de la Guerra de los EEUU en Irak, pero no sólo para los EEUU sino para el mundo entero, y propone una estrategia para la retirada de las tropas norteamericanas.

En una entrevista con Carmela Cruz, Stiglitz compartió sus ideas sobre la recesión en los EEUU y sus consecuencias globales, los ciclos económicos burbuja/estallido de las últimas tres décadas, las “limitaciones de los mecanismos de mercado”, la necesidad de encontrar formas de medir la calidad de vida de las personas distintas –y mejores— que la métrica del PIB y algunos temas de su último libro.

Carmela Cruz: ¿Los EEUU están actualmente en recesión? ¿Esa recesión podría arrastrar al resto del mundo, o algunos países se salvarían y, posiblemente, se produciría una reestructuración del orden económico global?

Joseph Stiglitz: Todo contado, los EEUU están pasando por una gran ralentización, muy probablemente una recesión. Es factible que se trate del peor bajón del último cuarto de siglo, mucho más serio que unas simples medidas correctivas. La crisis afecta al sistema financiero, que es el corazón de la economía.

Si bien el crecimiento de China e India significa que el mundo podría no ser tan dependiente del crecimiento de los EEUU, Norteamérica es todavía la economía más grande del mundo. Una caída de EEUU afectará a todos los países y, por supuesto, a algunos más que a otros. Los países que, como México, son muy dependientes de EEUU para sus exportaciones serán los más afectados.

La caída será otra de las señales del cambio del orden económico global. El mundo ya se está desplazando desde la dependencia del dólar como moneda de reserva, especialmente desde que el dólar ha revelado ser una forma muy pobre de preservar el valor. Que los íconos de EEUU Merril Lynch y Citibank tengan que acudir a fondos soberanos estatales extranjeros para su rescate es mucho más que un mero símbolo.

Cruz: El Congreso de los EEUU aprobó un paquete de estímulo económico de $152 miles de millones para mitigar el impacto de la recesión. ¿Funcionará? ¿con qué costos? ¿cuánto más podrá la Reserva Federal cortar los tipos de interés?

Stiglitz: El paquete de estímulos fue muy exiguo, llegó tarde y estaba mal diseñado. Sí, estimulará la economía, pero no lo suficiente para impedir una gran ralentización. No se diseñó para maximizar el efecto de la intervención pública, el estímulo por dólar del gasto de déficit. Por ejemplo, hubiera sido mucho mejor aumentar el seguro de desempleo. Tampoco estuvo diseñado para enfrentar los problemas a largo plazo de Norteamérica. Después de todo, el bajo consumo familiar no es un gran problema en los EEUU. Y muchos hogares fuertemente endeudados usarán el dinero para cancelar sus pesadas deudas.

Uno de los problemas es que los excesos de deuda y de déficit dificultan el diseño de un paquete de estímulos adecuado.

Cruz: En los últimos treinta años, al menos 100 crisis financieras han hecho estragos en el mundo, todas ellas precedidas de un ciclo de boom y estallido de burbuja. ¿Tan ineptos han sido los bancos privados, los bancos centrales y las instituciones financieras como para no haber podido evitar unos desastres que habrían podido predecir, en algunos casos, años antes de que ocurrieran? ¿Es posible poner fin a este ciclo sin desafiar seriamente los límites impuestos por el capitalismo?

Stiglitz: Durante años los expertos predijeron este bajón. Todavía hoy, los sistemas de gestión del riesgo que emplean los bancos y las agencias de crédito no alcanzan a reconocer los problemas profundos y esenciales. Esto sugiere que, a pesar de todos los avances en las técnicas de gestión del riesgo, el mecanismo del mercado ciertamente tiene limitaciones que producen booms y estallidos de burbuja a lo largo de la historia del capitalismo

Cruz: En su libro, Making Globalization Work, las soluciones preferidas para problemas como cambio climático, la pobreza, los desequilibrios comerciales y la inestabilidad financiera pasan por un esfuerzo de concertación valiente entre las naciones. Esto incluye un impuesto uniforme para las emisiones de gases tóxicos, y un mayor control de las actuales instituciones internacionales, como el FMI, o la creación de nuevas instituciones, como un Sistema de Reserva Mundial. Sus críticos señalan que esto es utópico e inalcanzable, dadas las actuales asimetrías e injusticias. Ciertamente, para que los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales estén preparados para un mundo globalizado más equitativo, es necesario que estén ancladas en una simetría estable entre la libertad individual y la responsabilidad. ¿No entrañaría esto revertir la globalización, más que rediseñarla, que es lo que usted. ha propuesto?

Stiglitz: En mi libro Making Globalization Work, presenté una agenda amplia y no simplemente una idea sobre la orientación que teníamos que tomar; pasos concretos a dar en lo inmediato, que al menos harían que la globalización funcionara mejor. Cuando diseñaba esta agenda programática, yo era perfectamente consciente de las distintas fuerzas que han inhibido el cambio –incluidos quienes se han beneficiado del sistema actual—, y fui particularmente cuidadoso a la hora de identificar aquellas reformas mediante las cuales todos los individuos, o al menos, la gran mayoría, resultarían ganadores.

Cruz: ¿Cómo afectaría un proteccionismo mayor de los EEUU - resultante de los problemas económicos actuales— a la promoción de la globalización?

Stiglitz: Siempre hubo un ingrediente de hipocresía en la política comercial norteamericana y en su retórica. Los acuerdos de libre comercio deberían llamarse con mayor exactitud acuerdos dirigidos de comercio. Los representantes del comercio norteamericano con frecuencia han ignorado los efectos adversos de los acuerdos comerciales en muchos de los países en desarrollo. Hoy se ha comenzado a hablar del descenso del nivel de vida, y no solo de quienes están más abajo sino también en el medio, personas cuyos intereses han sido virtualmente ignorados por la administración Bush. Y esto hace que las reformas en la globalización del comercio del tipo de las que hablo en mi libro resulten imperativas.

Cruz: Usted. ha elogiado el éxito económico del Este Asiático, a pesar de los bajos niveles de reconocimiento de derechos humanos en algunos países. Pero, como economista del Banco Mundial, hablaba de que la lucha contra la corrupción era un ingrediente fundamental para el desarrollo, y en su disertación en la entrega del Premio Novel citó las ideas de John Maynard Keynes sobre las decisivas influencias de la economía y la filosofía política en la estructuración del mundo. ¿Estaba Ud. preparado para reconocer el imperativo moral de no solamente elevar la economía, sino también la vida de las personas?

Stiglitz: Siempre he dicho que el éxito es algo más que el aumento del PIB, y que perseguir de manera implacable el aumento del PIB, de hecho, puede llevar a largo plazo a bajar el nivel de vida. En este momento soy el encargado de la Comisión de Medición del Rendimiento Económico y el Progreso Social que creó el Presidente de Francia con miembros de todo el mundo. Lo que medimos afecta aquello que hacemos. No sólo existe el imperativo moral de aumentar el PIB, sino también de elevar el nivel de vida, y necesitamos mejores métodos para medir nuestro éxito en alcanzar esos objetivos.

Cruz: ¿De qué trata su ultimo libro?

Stiglitz: Mi ultimo libro, The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict, escrito en colaboración con Linda Bilmes de la Kennedy School, Universidad de Harvard, muestra justamente lo costosa que ha sido esta Guerra equivocada. Ahora mismo es la segunda guerra en cuanto a su duración, y la segunda más costosa en la historia de los EEUU. ¡Más costosa incluso que la Primera Guerra mundial, luego de ajustar los costos de acuerdo a la inflación! Hemos calculado los costos para el Presupuesto y para la economía Norteamericana. Pero los costos, tal como los hemos evaluado, van mucho más allá. Hay costos para la economía global, y están los perjuicios generados en Irak. También costos en la seguridad norteamericana. Mientras nos ocupábamos de las armas de destrucción masiva inexistentes en Irak, se sumó otro país al Club nuclear; mientras nos ocupábamos de un país que no tuvo conexión con el 11/9, las cosas empeoraban en Afganistán, un país que sí la tuvo. Norteamérica es hoy menos segura, y nuestras fuerzas armadas –agotadas, luego de cinco años de combate— están en peor situación para enfrentarse a las amenazas que podamos sufrir en un futuro.

El libro concluye con una serie de recomendaciones políticas: cómo prevenir, o al menos hacer menos probables, los problemas que hemos detectado. Por ejemplo, ninguna nación debería depender de apropiaciones de emergencia durante cinco años de guerra. Norteamérica ha engañado a sus tropas y a los veteranos que han retornado: una política miope que no sólo es inmoral, sino que es también costosa. En el libro presentamos reformas concretas para terminar con esos abusos. Y lo que es más importante, hemos diseñado un marco para pensar una estrategia exitosa. La administración Bush reflexionómuy poco antes de embarcarse en esta aventura mal concebida.

sábado, 31 de mayo de 2008

STIGLITZ RELACIONA CRISIS DE ECONOMIA DE EEUU CON GRAN COSTO DE GUERRA DE IRAK

“El caos económico del presente está relacionado en buena medida con la guerra de Iraq”. Así de crítico con la administración Bush se muestra el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en su nuevo libro, La guerra de los tres billones de dólares, en el que calcula los verdaderos gastos del conflicto y asegura que la invasión ha agravado los problemas económicos que el país padece actualmente.

El laureado economista afirma que los costos trimestrales de la guerra ascienden aproximadamente a 50.000 millones de dólares, cantidad con la que el Gobierno de George W. Bush pretendía, en un principio, sufragar la intervención por completo. “Si situamos esa cantidad en su marco, con una sexta parte de lo que se ha gastado en la guerra los EEUU podrían dotarse de una base económica sólida para su sistema de seguridad social durante más de medio siglo, sin reducir las prestaciones ni aumentar las contribuciones”, afirma.

En su nueva obra, escrita conjuntamente con la profesora de Harvard Linda Bilmes, Stiglitz subraya que el Gobierno de EEUU lanzó la invasión al tiempo que promovía rebajas fiscales para las clases más pudientes, a pesar de que sufría un déficit presupuestario. A consecuencia de ello, Washington ha tenido que recurrir a un exceso de gasto público –financiado en gran parte desde el extranjero- para sufragar la guerra. “Todo el coste se va a legar a las generaciones futuras. Si no cambia la situación, la deuda nacional de los EEUU, que ascendía a 5,7 billones de dólares cuando Bush llegó a la presidencia, será dos billones de dólares mayor por la guerra”, dice.

Cascada de liquidez

Para Stiglitz, la guerra de Iraq –la primera en la historia norteamericana que no ha exigido un sacrificio económico a los ciudadanos mediante un aumento de impuestos- fue parcialmente responsable del enorme aumento de los precios del petróleo. Además, el dinero invertido en la invasión no estimuló la economía en la misma medida que lo habrían hecho los dólares gastados en Estados Unidos. “A fin de encubrir estas debilidades de la economía estadounidense, la Reserva Federal dejó salir una cascada de liquidez; esto, combinado con normas laxas, dio origen a la burbuja de la vivienda y a un auge del consumo”, argumenta.

Desde que el pasado mes de agosto estalló en EEUU la crisis provocada por las hipotecas de alto riesgo todos los focos han apuntado a los mercados financieros. La confianza de los inversores estadounidenses ha ido disminuyendo sin que reguladores ni administración haya podido hacer nada para evitarlo. Los sucesivos recortes de tipos llevados a cabo por la Reserva Federal no han hecho más que generar polémica entre los partidarios de salvar a toda costa el mercado y aquellos que alertan sobre el peligro de un crecimiento desmesurado de la inflación.

Ni siquiera la administración Bush, que al comenzar 2008 solicitó al Congreso una inyección fiscal de 145.000 millones de euros –equivalente al 1% del PIB- ha conseguido contener la escalada. Y en EEUU ya se habla de recesión de costa a costa, la peor desde la II Guerra Mundial según Alan Greenspan, pese a que el secretario del Tesoro, Hank Paulson, y el presidente de la Fed, Ben Bernanke, aseguran que este año no habrá crisis.

Ideología y especulación

“La ideología y la especulación también han desempeñado su papel en el aumento de los costos de la guerra. Los Estados Unidos han contado con contratistas privados que no han resultado baratos. (…) La guerra sólo ha tenido dos vencedores: las compañías petroleras y los contratistas de defensa. El precio de las acciones de Halliburton, la antigua empresa del vicepresidente Dick Cheney, se ha puesto por las nubes, pero incluso cuando el Gobierno recurrió cada vez a más contratistas redujo su supervisión”, concluye Stiglitz.

No obstante, no todos se muestran tan firmes al relacionar la guerra de Iraq con la actual crisis económica. Robert Hormats, vicepresidente de Goldman Sachs International y autor de un libro que analiza cómo los EEUU sufragan sus guerras, argumenta que la intervención es negativa para la economía, pero que es tan sólo un factor menor en la recesión.

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