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domingo, 1 de junio de 2008

EXCLUSION SOCIAL, PRODUCTO NECESARIO DEL NEOLIBERALISMO. Entrevista a L. Wacquant

Se presenta como un "sociólogo urbano", estudia la
transformación de las ciudades y la marginalidad social y es considerado el principal discípulo de Pierre Bourdieu, el célebre sociólogo francés con quien escribió uno de sus numerosos libros. Su mundo es el de las fronteras entre "el adentro" y "el afuera", los guetos de Chicago, las periferias de París, los barrios suburbanos de las metrópolis latinoamericanas, el de cómo se trazan las fronteras internas de una sociedad cuando ella queda dominada por la pura lógica del mercado.


Para Loic Wacquant, es un error observar las formas actuales de la marginalidad afuera o detrás nuestro, en el pasado, o en el "atraso": "ellas están dentro de los espacios y relaciones sociales, delante nuestro, y si no empezamos por reconocerlo no podremos cambiarlo", dice. Hiperactivo, 47 años, llegó a Buenos Aires, visitó las cárceles, donde asistió a los cursos universitarios que se dictan allí, dio una conferencia y se fue al día siguiente. Vino invitado por la UBA en el marco del 50 aniversario de la Carrera de Sociología, con el auspicio de la Fundación OSDE , Clacso y el Ministerio de Educación.

Se utilizan muchas metáforas y eufemismos para hablar de la marginalidad social: "excluidos del reparto de la torta", "castigados del modelo", "bomba de tiempo", "sectores en problemas", "condenados de las ciudades", "parias urbanos" ¿cómo se establece hoy esta relación entre pobreza, exclusión e inseguridad en las grandes metrópolis y sus periferias?

Es cierto, cuando se mira desde lejos o desde arriba, se apela a un discurso exotizante, un discurso del miedo, para el cual los barrios pobres se caracterizan por todo lo que falta. Pero cuando uno mira de cerca se observa que hay una similitud, sí, es el sub-proletariado que vive en los barrios en la parte más baja de la jerarquía de la ciudad; pero esa marginalidad urbana no está configurada de la misma manera en todos lados.

Hay situaciones de exclusión social que son comunes

Sí, claro, se da la experiencia del sentimiento de ser rechazado, el desprecio colectivo, la estigmatización de esos barrios es la misma en Estados Unidos con el gueto y los negros; en Francia, con los suburbios obreros y los inmigrantes; en Brasil, con las favelas, en Argentina con las villas miserias, etc.. Pero, yendo al interior, uno puede descubrir que allí viven personas como tú y yo, que tratan de construir una vida, de sostener una familia, pero que enfrentan limitaciones materiales que son extremas y que sobre todo se ven marcadas por la inestabilidad de vida. Es la imposibilidad, justamente, de asentarse en el mundo del trabajo y de proyectarse hacia el futuro.

Los estallidos de violencia en los suburbios de Francia reflejan una "americanización" de estas formas de exclusión social?

Lo que vemos, sobre todo, es que en Estados Unidos el discurso sobre el gueto y en Francia sobre "las banlieues" esconden la aparición de nuevos regímenes de marginalidad cuya característica principal es la inestabilidad de la condición asalariada. Esa inestabilidad no es una característica de los pobres, sino de los empleos y de la nueva relación salarial que se establece. Se atribuye erróneamente a los pobres rasgos que no se deben a ellos sino a la posición socio-económica en la que están y a la degradación de sus condiciones de vida.

¿En qué se diferencia la marginalidad actual de la de otras épocas no tan lejanas?

Básicamente, en que vivimos una transición del "Welfare" como un derecho a estar protegido de la sanción del mercado, a un "Workfare", a una obligación de trabajar, de seguir una formación, de dar a la comunidad como contrapartida de la ayuda social que se recibe. De modo que el trabajo deja de ser un derecho para convertirse en un deber del ciudadano, que empuja a los pobres hacia un mercado laboral precario e inestable. Y entonces, se funden y confunden los barrios obreros estables con la economía callejera informal, dominada por actividades ilícitas o criminales, y la violencia y el miedo que estas generan, con gran circulación de armas de fuego y de drogas, más los enclaves marginales, definidos por la experiencia de un estigma de grupo y una decadencia colectiva.


¿Qué papel juega el Estado en estos cambios?

Es fundamental. Tenemos una política estatal que por dos lados aumenta y difunde la inseguridad social. Por el lado de la desregulación económica y por el lado de la restricción de los programas de protección social. Esa turbulencia y esos desórdenes sociales que son creados por la desregulación económica y el retiro de la ayuda social, hay que contenerlos de alguna manera particular.

¿Se los contiene desplegando el Estado penal?

La paradoja es que el despliegue de la policía, de la justicia criminal y las cárceles, es una respuesta que da el Estado a la inseguridad social que las políticas públicas crearon al des-regular la economía y reducir la protección social. Por eso es algo que se ve en el mundo entero. Como escribió Marx, un fantasma recorre el mundo, sí, pero no es el proletariado; es el fantasma del neoliberalismo y sus resultados.

La marginalidad y la exclusión social ¿serían un "logro" del neoliberalismo?

Es el producto necesario del neoliberalismo. En el caso de los ideólogos del neoliberalismo, se lo presenta de dos formas. Una, como un residuo del pasado: "hay mucha gente pobre, hay que esperar hasta que dejen de serlo y seguir 'neo-liberalizando' para que dejen de serlo. Y si realmente se des-regula, desaparecerán la desocupación y la pobreza". La segunda es que se trata de un fenómeno transitorio. Habría una transición entre las sociedades reguladas keynesiana y fordista, y el Estado futuro del neoliberalismo. O sea que habría un período en el que "sí, es cierto, hay muchos daños, hay muchos costos, hay mucha pobreza, pero hay que esperar" .

¿Qué respuesta da a esos argumentos?

Lo que sostengo es que esta marginalidad no es un residuo del pasado, y tampoco es un fenómeno transitorio o efímero. Es un fenómeno que está ligado al desarrollo mismo de los sectores más avanzados de la economía. Y por lo tanto está delante de nosotros, no detrás. Y está aquí para durar. Y mientras se insista en apostar a lo que se llama el camino de la economía avanzada, sin contemplar el cuadro social completo, se seguirá reproduciendo marginalidad avanzada.

¿Cuál sería la respuesta alternativa en el modo de encarar el problema ?

En América Latina se observa desde hace quince años un aumento de la violencia, de la criminalidad, del miedo en las ciudades y, por lo tanto, en reacción a ese aumento de la inseguridad y el miedo el Estado reacciona diciendo: "vamos a activar la policía, la justicia, la prisión". "Mano dura". "Tolerancia cero". Y esa reacción de utilizar el Estado penal para tratar de contener la violencia fracasa porque no toca la causa que es la inseguridad social y económica. Si se deja que la inseguridad económica siga ahí, forzosamente habrá inseguridad criminal Y se puede aumentar la policía, la justicia y las cárceles, se pueden multiplicar por dos, por tres, por cinco y poco se logrará.

Pero Usted mismo señala que el regreso del pleno empleo y el viejo Estado asistencial no es posible ni deseable.

Hacen falta políticas de largo plazo, a cinco, diez, veinte años. (Los políticos deben tener una mirada a largo plazo. Y pensar no sólo en esta generación sino en la generación que viene). Hay que tener el valor, aunque no haya una caída inmediata de la criminalidad, en sostener el crecimiento económico y el mejoramiento de empleo. Aunque es verdad, las nuevas formas de la marginalidad no se resuelven sólo con crecimiento y empleo.

¿Entonces?

Creo que hay que inventar un nuevo Estado social o prepararse para enfrentar desórdenes e inseguridad crónica. Un componente, por ejemplo, es el principio de una renta universal del ciudadano. Que cada familia tenga acceso a un ingreso mínimo independientemente del trabajo. Que los bienes públicos esenciales, la educación, la salud, la seguridad, la vivienda y el transporte sean provistos en una cuota mínima a todo el mundo. Hay que inventar nuevos programas que permitan distribuir de la manera más igualitaria posible esos bienes fundamentales para tener una sociedad democrática. Se puede empezar con un ingreso universal ciudadano o por el acceso a la educación y la formación profesional para toda la vida. Tener políticas de salud pública y de educación muy activas es la mejor lucha contra la criminalidad.

(ddooss.org)

sábado, 31 de mayo de 2008

La transformación de los procesos de trabajo, Manuel Castells

En torno a la transformación de la nueva economía se transforman también los procesos de trabajo. El nuevo trabajo se caracteriza por la autonomía del trabajador en la toma de decisiones y en la relación con otros trabajadores funcionando en la red. Esto exige al trabajador saber qué hacer con la información que necesita, dónde buscarla, cómo relacionarse con otros elementos en red y tomar decisiones en tiempo real.


a. Trabajadores altamente cualficados y flexibles


El trabajo cualificado aparece como la fuente de creación de valor más directa. Por lo tanto, el recurso fundamental que buscan las empresas más dinámicas es el trabajador altamente cualificado. Quien tiene dinero pero no tiene ideas, pierde el dinero; quien tiene ideas, encuentra el dinero. Por tanto, la inversión en profesionales con talento es la inversión fundamental para las empresas.

Pero, además, el trabajador debe tener otra característica: la capacidad de cambiar en su vida activa con respecto al entorno, en proceso de cambio cada vez más acelerado, tanto en lo tecnológico como en lo organizativo. Es el trabajador “autoprogramable”, con capacidad para definir objetivos y fuentes de recursos, y de procesarlos. Se trata de un profesional autónomo, flexible, capaz de definir objetivos y de transformarlos en tareas.

b) Dicotomía entre trabajo cualificado y trabajo genérico.


Seguirá existiendo, una masa de trabajadores poco cualificados, ejecutores de tareas simples, que no son remplazados por máquinas inteligentes simplemente por cuestiones económicas. No se trata de un trabajo generado sobre la base de cualificaciones y proceso de la información, sino sobre la ejecución de las instrucciones. Se trata del trabajo genérico. La optimización de recursos del trabajador “genérico” depende de la combinación más beneficiosa en cada momento.

La dicotomía que se está produciendo entre trabajo autoprogramable y trabajo genérico está en la base de la creación de desigualdad social en todas las sociedades en los últimos diez años. Están los Rivaldos del mundo y los pobres “curritos” que sólo pueden aspirar a algo mejor con el paso del tiempo. En términos de ideal social y de igualdad relativa, habría que acabar con el trabajo genérico, trabajo que podemos automatizar, pero que se conserva como emblema de la frontera de la desigualdad. Por ejemplo, la ocupación que más crece en los trabajos de servicios no cualificados es la de vigilantes (cuando en realidad debería ser una tarea de alta cualificación, ya que no se trata sólo de llevar una pistola y tener puntería), sino que, además, deberían ser licenciados en psicología, para saber tratar situaciones violentas. Lo mismo ocurre con los cocineros, una actividad altamente cualificada, a no ser que se trate simplemente de cocinar hamburguesas.

Se produce, por tanto, una transformación de los procesos de trabajo y del proceso organizativo: el trabajador autoprogramable genera valor y el trabajador genérico simplemente ejecuta tareas. A éste último se le paga poco, en función del excedente de trabajo que se genera en el trabajo cualificado. Con ello se rompen los intereses conjuntos de ambos tipos de trabajadores.


El trabajador autoprogramable entra en un sistema de interrelación con la empresa: se le empieza a pagar en relación con los resultados de la empresa en un intento de integración. Las llamadas stock options que tantas bromas generan en España, es un mecanismo muy serio que integra al trabajador en los resultados de la gestión de la empresa. Como, además, la empresa depende del mercado financiero (ya no hay grandes empresas familiares sino empresas que cotizan en bolsa), el proceso productivo pasa por una serie de accionistas que a su vez son trabajadores. Por otro lado, esos trabajadores autoprogramables tienen sus propias estrategias individuales: obtienen el máximo valor de la empresa, tanto en términos de conocimiento como en términos de capital, para organizar su propio sistema de acumulación individual. Salen de una empresa, crean otra, cambian a otra empresa, y finalmente se rompe el vínculo trabajador-empresa.

Según la encuesta del mercado de trabajo realizada el pasado año en California, un trabajador tradicional es aquel que trabaja a tiempo completo, con contrato indefinido y en una empresa de más de tres años. Sólo un 33% de los trabajadores de California cumplen estos tres criterios. Si a ello añadimos el criterio de tener más de dos años de antigüedad en la empresa, sólo hay un 22% de trabajadores. Es decir, estamos pasando a un mundo de trabajo extremadamente individualizado y cambiante.