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miércoles, 4 de junio de 2008

UNA RECESION DE INCIERTA SALIDA EN USA. Entrevista a J. Stiglitz

La periodista Filipina Carmela Cruz entrevistó al Premio Nóbel de Economía Joseph Stglitz para la revista norteamericana de izquierda Foreogn Policy Focus. Stiglitz contribuyó a crear una nueva rama de la economía: “la economía de la información”, destinada a analizar las consecuencias de las asimetrías informativas. En el año 2001 recibió el Premio Nóbel de economía por sus trabajos sobre mercados con información asimétrica.

Sus libros Globalization and Its Discontents y Making Globalization Work tuvieron una amplia recepción. Su ultimo libro, The Three Trillion Dollar War (La Guerra de los tres billones de dólares), publicado en marzo de 2008, analiza los costos de la Guerra de los EEUU en Irak, pero no sólo para los EEUU sino para el mundo entero, y propone una estrategia para la retirada de las tropas norteamericanas.

En una entrevista con Carmela Cruz, Stiglitz compartió sus ideas sobre la recesión en los EEUU y sus consecuencias globales, los ciclos económicos burbuja/estallido de las últimas tres décadas, las “limitaciones de los mecanismos de mercado”, la necesidad de encontrar formas de medir la calidad de vida de las personas distintas –y mejores— que la métrica del PIB y algunos temas de su último libro.

Carmela Cruz: ¿Los EEUU están actualmente en recesión? ¿Esa recesión podría arrastrar al resto del mundo, o algunos países se salvarían y, posiblemente, se produciría una reestructuración del orden económico global?

Joseph Stiglitz: Todo contado, los EEUU están pasando por una gran ralentización, muy probablemente una recesión. Es factible que se trate del peor bajón del último cuarto de siglo, mucho más serio que unas simples medidas correctivas. La crisis afecta al sistema financiero, que es el corazón de la economía.

Si bien el crecimiento de China e India significa que el mundo podría no ser tan dependiente del crecimiento de los EEUU, Norteamérica es todavía la economía más grande del mundo. Una caída de EEUU afectará a todos los países y, por supuesto, a algunos más que a otros. Los países que, como México, son muy dependientes de EEUU para sus exportaciones serán los más afectados.

La caída será otra de las señales del cambio del orden económico global. El mundo ya se está desplazando desde la dependencia del dólar como moneda de reserva, especialmente desde que el dólar ha revelado ser una forma muy pobre de preservar el valor. Que los íconos de EEUU Merril Lynch y Citibank tengan que acudir a fondos soberanos estatales extranjeros para su rescate es mucho más que un mero símbolo.

Cruz: El Congreso de los EEUU aprobó un paquete de estímulo económico de $152 miles de millones para mitigar el impacto de la recesión. ¿Funcionará? ¿con qué costos? ¿cuánto más podrá la Reserva Federal cortar los tipos de interés?

Stiglitz: El paquete de estímulos fue muy exiguo, llegó tarde y estaba mal diseñado. Sí, estimulará la economía, pero no lo suficiente para impedir una gran ralentización. No se diseñó para maximizar el efecto de la intervención pública, el estímulo por dólar del gasto de déficit. Por ejemplo, hubiera sido mucho mejor aumentar el seguro de desempleo. Tampoco estuvo diseñado para enfrentar los problemas a largo plazo de Norteamérica. Después de todo, el bajo consumo familiar no es un gran problema en los EEUU. Y muchos hogares fuertemente endeudados usarán el dinero para cancelar sus pesadas deudas.

Uno de los problemas es que los excesos de deuda y de déficit dificultan el diseño de un paquete de estímulos adecuado.

Cruz: En los últimos treinta años, al menos 100 crisis financieras han hecho estragos en el mundo, todas ellas precedidas de un ciclo de boom y estallido de burbuja. ¿Tan ineptos han sido los bancos privados, los bancos centrales y las instituciones financieras como para no haber podido evitar unos desastres que habrían podido predecir, en algunos casos, años antes de que ocurrieran? ¿Es posible poner fin a este ciclo sin desafiar seriamente los límites impuestos por el capitalismo?

Stiglitz: Durante años los expertos predijeron este bajón. Todavía hoy, los sistemas de gestión del riesgo que emplean los bancos y las agencias de crédito no alcanzan a reconocer los problemas profundos y esenciales. Esto sugiere que, a pesar de todos los avances en las técnicas de gestión del riesgo, el mecanismo del mercado ciertamente tiene limitaciones que producen booms y estallidos de burbuja a lo largo de la historia del capitalismo

Cruz: En su libro, Making Globalization Work, las soluciones preferidas para problemas como cambio climático, la pobreza, los desequilibrios comerciales y la inestabilidad financiera pasan por un esfuerzo de concertación valiente entre las naciones. Esto incluye un impuesto uniforme para las emisiones de gases tóxicos, y un mayor control de las actuales instituciones internacionales, como el FMI, o la creación de nuevas instituciones, como un Sistema de Reserva Mundial. Sus críticos señalan que esto es utópico e inalcanzable, dadas las actuales asimetrías e injusticias. Ciertamente, para que los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales estén preparados para un mundo globalizado más equitativo, es necesario que estén ancladas en una simetría estable entre la libertad individual y la responsabilidad. ¿No entrañaría esto revertir la globalización, más que rediseñarla, que es lo que usted. ha propuesto?

Stiglitz: En mi libro Making Globalization Work, presenté una agenda amplia y no simplemente una idea sobre la orientación que teníamos que tomar; pasos concretos a dar en lo inmediato, que al menos harían que la globalización funcionara mejor. Cuando diseñaba esta agenda programática, yo era perfectamente consciente de las distintas fuerzas que han inhibido el cambio –incluidos quienes se han beneficiado del sistema actual—, y fui particularmente cuidadoso a la hora de identificar aquellas reformas mediante las cuales todos los individuos, o al menos, la gran mayoría, resultarían ganadores.

Cruz: ¿Cómo afectaría un proteccionismo mayor de los EEUU - resultante de los problemas económicos actuales— a la promoción de la globalización?

Stiglitz: Siempre hubo un ingrediente de hipocresía en la política comercial norteamericana y en su retórica. Los acuerdos de libre comercio deberían llamarse con mayor exactitud acuerdos dirigidos de comercio. Los representantes del comercio norteamericano con frecuencia han ignorado los efectos adversos de los acuerdos comerciales en muchos de los países en desarrollo. Hoy se ha comenzado a hablar del descenso del nivel de vida, y no solo de quienes están más abajo sino también en el medio, personas cuyos intereses han sido virtualmente ignorados por la administración Bush. Y esto hace que las reformas en la globalización del comercio del tipo de las que hablo en mi libro resulten imperativas.

Cruz: Usted. ha elogiado el éxito económico del Este Asiático, a pesar de los bajos niveles de reconocimiento de derechos humanos en algunos países. Pero, como economista del Banco Mundial, hablaba de que la lucha contra la corrupción era un ingrediente fundamental para el desarrollo, y en su disertación en la entrega del Premio Novel citó las ideas de John Maynard Keynes sobre las decisivas influencias de la economía y la filosofía política en la estructuración del mundo. ¿Estaba Ud. preparado para reconocer el imperativo moral de no solamente elevar la economía, sino también la vida de las personas?

Stiglitz: Siempre he dicho que el éxito es algo más que el aumento del PIB, y que perseguir de manera implacable el aumento del PIB, de hecho, puede llevar a largo plazo a bajar el nivel de vida. En este momento soy el encargado de la Comisión de Medición del Rendimiento Económico y el Progreso Social que creó el Presidente de Francia con miembros de todo el mundo. Lo que medimos afecta aquello que hacemos. No sólo existe el imperativo moral de aumentar el PIB, sino también de elevar el nivel de vida, y necesitamos mejores métodos para medir nuestro éxito en alcanzar esos objetivos.

Cruz: ¿De qué trata su ultimo libro?

Stiglitz: Mi ultimo libro, The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict, escrito en colaboración con Linda Bilmes de la Kennedy School, Universidad de Harvard, muestra justamente lo costosa que ha sido esta Guerra equivocada. Ahora mismo es la segunda guerra en cuanto a su duración, y la segunda más costosa en la historia de los EEUU. ¡Más costosa incluso que la Primera Guerra mundial, luego de ajustar los costos de acuerdo a la inflación! Hemos calculado los costos para el Presupuesto y para la economía Norteamericana. Pero los costos, tal como los hemos evaluado, van mucho más allá. Hay costos para la economía global, y están los perjuicios generados en Irak. También costos en la seguridad norteamericana. Mientras nos ocupábamos de las armas de destrucción masiva inexistentes en Irak, se sumó otro país al Club nuclear; mientras nos ocupábamos de un país que no tuvo conexión con el 11/9, las cosas empeoraban en Afganistán, un país que sí la tuvo. Norteamérica es hoy menos segura, y nuestras fuerzas armadas –agotadas, luego de cinco años de combate— están en peor situación para enfrentarse a las amenazas que podamos sufrir en un futuro.

El libro concluye con una serie de recomendaciones políticas: cómo prevenir, o al menos hacer menos probables, los problemas que hemos detectado. Por ejemplo, ninguna nación debería depender de apropiaciones de emergencia durante cinco años de guerra. Norteamérica ha engañado a sus tropas y a los veteranos que han retornado: una política miope que no sólo es inmoral, sino que es también costosa. En el libro presentamos reformas concretas para terminar con esos abusos. Y lo que es más importante, hemos diseñado un marco para pensar una estrategia exitosa. La administración Bush reflexionómuy poco antes de embarcarse en esta aventura mal concebida.

martes, 3 de junio de 2008

LA GUERRA DE LOS 3 BILLONES DE DOLARES, J. Stiglitz

LA ECONOMIA DE EE.UU. DESGARRADA POR LA GUERRA, según J. Stiglitz

Algunos dicen que las próximas elecciones estadounidenses se centrarán en dos temas: la guerra de Irak y la economía. En los momentos en los que la guerra parece ir mejor de lo que se esperaba y la economía peor, la segunda eclipsa a la primera. Pero ninguna de las dos cosas va bien. En cierto sentido, no hay más que un solo tema, la guerra, que ha exacerbado los problemas económicos de Estados Unidos. Y, cuando la mayor economía del mundo está enferma -y está muy enferma-, todo el mundo sufre.

Antiguamente, se pensaba que las guerras eran buenas para la economía. Al fin y al cabo, es opinión general que la Segunda Guerra Mundial ayudó a levantar la economía mundial tras la Gran Depresión. Sin embargo, al menos desde Keynes, sabemos cómo estimular la economía por métodos más eficaces y capaces tanto de aumentar la productividad a largo plazo como de mejorar los niveles de vida.

Pero esta guerra, en concreto, no ha sido buena para la economía por tres motivos. En primer lugar, ha contribuido a subir los precios del petróleo. Cuando Estados Unidos emprendió la guerra de Irak, el crudo costaba menos de 25 dólares (16 euros actuales) el barril, y los mercados de futuros esperaban que se mantuviera en ese nivel durante diez años. Los expertos en futuros eran conscientes del crecimiento de China y otros mercados emergentes, pero confiaban en que el suministro -sobre todo, de los proveedores de bajo coste de Oriente Próximo- aumentara de manera paralela a la demanda.

La guerra alteró la ecuación. La subida de los precios del petróleo significa que los estadounidenses (y los europeos, y los japoneses) están pagando cientos de millones de dólares a los dictadores de Oriente Próximo y a los exportadores de crudo en otros países, en vez de gastar ese dinero en casa.

Además, el dinero de Estados Unidos dedicado a la guerra de Irak no estimula la economía de este país tanto como el que podría invertirse en carreteras, hospitales y escuelas, y tampoco contribuye de la misma forma al crecimiento a largo plazo. Los economistas utilizan la expresión "éxito por dólar", es decir, cuánto estímulo económico proporciona cada dólar que se gasta. Y es difícil imaginar menos "éxito por dólar" que el del dinero que se paga a un contratista nepalés que trabaja en Irak.

Con la salida de tantos dólares al extranjero, la economía estadounidense debería haber evidenciado desde hace tiempo una situación mucho más débil de lo que parecía. Sin embargo, al mismo tiempo que el Gobierno de Bush intentaba ocultar los verdaderos costes de la guerra mediante una contabilidad incompleta y confusa, los fallos de la economía permanecieron ocultos gracias a una inyección de liquidez de la Reserva Federaly una normativa fiscal poco estricta.

Se inyectó tanto dinero en la economía y los reguladores fueron tan poco rigurosos que uno de los principales bancos de Estados Unidos hizo publicidad de sus préstamos con el lema "Cualificado desde que nace"; es decir, en la práctica, no había que cumplir ningún requisito para obtener un crédito. En cierto sentido, la estrategia funcionó: la burbuja inmobiliaria alimentó el auge del consumo mientras la tasa de ahorro se desplomaba a cero. Las debilidades económicas quedaron pospuestas hasta fecha posterior; el Gobierno de Bush confiaba en que no habría que rendir cuentas hasta después de noviembre de 2008. Pero la situación empezó a empeorar en agosto de 2007.

El Gobierno de Bush ha reaccionado ahora con un paquete de estímulos que es demasiado escaso, llega demasiado tarde y está mal diseñado. Para ver lo insuficiente que es, no hay más que compararlo con los más de 1.500 billones de dólares que constituyeron los préstamos con garantía hipotecaria en los últimos años, gastados, en su mayor parte, en consumo. Esa apuesta -basada en la convicción de que los precios de la vivienda iban a seguir subiendo sin cesar- ya no puede sostenerse.

Con la caída de los precios de la vivienda (que va a continuar) y con los bancos inseguros sobre su situación financiera, las instituciones de préstamo no prestarán y las familias no pedirán prestado. Por tanto, aunque es posible que la liquidez inyectada en el sistema financiero por la FED haya impedido el desastre, no va a estimular demasiado el consumo ni la inversión. Por el contrario, irá a parar en gran parte al extranjero. En China, por ejemplo, están preocupados por la posibilidad de que el estímulo de la FED contribuya a aumentar su inflación nacional.

Existe un tercer motivo por el que la guerra de Irak es también negativa desde el punto de vista económico para Estados Unidos. No sólo este país se ha gastado ya mucho dinero en ella -12.000 millones de dólares mensuales, y suma y sigue-, sino que queda aún mucho por pagar, como los gastos de compensación y asistencia sanitaria al 40% de veteranos que vuelve con algún tipo de discapacidad, en numerosos casos muy grave.

Además, esta guerra se ha financiado de manera distinta a cualquier otra guerra de la historia de Estados Unidos y, tal vez, de la historia reciente de cualquier país. Lo normal es que los países pidan un sacrificio común, del mismo modo que piden a sus jóvenes, hombres y mujeres, que arriesguen sus vidas. Se suben los impuestos y se produce un debate sobre qué parte de la carga hay que pasar a las generaciones futuras. Pero en esta guerra no ha habido esa discusión. Cuando Estados Unidos la inició había un déficit. Sin embargo, cosa extraordinaria, Bush pidió y obtuvo un insensato recorte fiscal para los ricos. Eso significa que cada dólar que se ha gastado en la guerra se ha pedido prestado.

Por primera vez desde la Guerra de Independencia de Estados Unidos, hace dos siglos, el país ha tenido que recurrir a acreedores extranjeros, porque las familias estadounidenses no han ahorrado nada. Las cifras son difíciles de creer. La deuda nacional ha aumentado un 50% en ocho años, y casi un billón de dólares de ese aumento es debido a la aventura bélica iraquí; una cantidad que seguramente se incrementará a más del doble en los próximos 10 años.

¿Quién iba a pensar que una Administración podía hacer tanto daño en tan poco tiempo? Estados Unidos y el mundo seguirán pagando las consecuencias durante decenios.

Joseph E. Stiglitz es catedrático de Economía en la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía en 2001. Su último libro, escrito en colaboración con Linda Bilmes, es The three trillion dollar war: the true costs of the Iraq conflict. © Project Syndicate, 2008. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.